En los mercados, taxis y pequeños comercios a lo largo del Perú, un cambio radical está en marcha. Los códigos QR, pegados en refrigeradores y mostradores, se han convertido en el símbolo de una transformación económica profunda: la migración forzosa hacia la formalidad a través de las billeteras digitales. Este fenómeno representa el puente más efectivo hacia una economía con registro y trazabilidad en un país donde, según el INEI, más del 70% del empleo es informal.
Los números de una transformación silenciosa
Las cifras oficiales revelan la velocidad del cambio. Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), las transacciones mediante billeteras móviles crecieron más del 300% entre 2020 y 2023. Yape, del Banco de Crédito (BCP), supera los 10 millones de usuarios, mientras que Plin, de Interbank, cuenta con más de 4 millones. Estas plataformas, junto a otras han creado un ecosistema que mueve diariamente sumas que rivalizan con el dinero físico en circulación.

El proceso ha sido descrito por analistas como una «bancarización por la puerta trasera». Usuarios que nunca utilizaron servicios bancarios tradicionales ahora operan herramientas financieras desde sus celulares, generando un rastro digital que sistemáticamente empuja hacia la formalidad. Cada transacción construye un historial que se convierte en la base para la construcción de solvencia crediticia.
Del QR al RUC
La adopción sigue un patrón orgánico, impulsado más por las necesidades del comercio que por mandato estatal. Primero, los pequeños negocios comenzaron a aceptar pagos digitales para no perder ventas ante una clientela que cada vez maneja menos efectivo. Luego, ese historial acumulado se convirtió en prueba de ingresos para acceder a microcréditos ofrecidos por instituciones financieras, basados exclusivamente en comportamiento financiero digital.
El paso final —la obtención del RUC y la emisión de comprobantes— deja de ser una barrera administrativa para transformarse en una puerta hacia el crecimiento empresarial formal. Este fenómeno se ha acelerado particularmente en sectores como ferreterías, restaurantes, bodegas y servicios de delivery, donde la trazabilidad digital ha permitido el acceso a líneas de crédito formales por primera vez.
Más allá del consumo: La integración empresarial
Mientras Yape y Plin dominan el espacio persona a persona (P2P) y persona a comercio (P2B), plataformas como LigoPay están cerrando el círculo en el sector empresarial. Esta billetera, especializada en pagos B2B (negocio a negocio), permite a las empresas, tanto MYPES como gran empresa, realizar transacciones con proveedores y servicios con la misma simplicidad, integrando cadenas de valor completas en un ecosistema formal.
Este tipo de plataformas representan el eslabón necesario para la formalización integral. Un restaurante puede pagar digitalmente a su proveedor, quien a su vez puede realizar pagos laborales mediante otras billeteras, creando un efecto dominó de registros formales a través de toda la cadena productiva.
Los desafíos en la sombra
La transformación enfrenta obstáculos significativos. La brecha digital persiste como divisoria crítica: mientras en Lima Metropolitana la adopción supera el 60%, en zonas rurales con acceso a internet la cifra no alcanza el 40%. Además, existe una desconfianza cultural en sectores que históricamente han operado en efectivo y valoran el anonimato.
Existe consenso entre observadores sobre la necesidad de acompañar este proceso tecnológico con pedagogía adecuada. El temor a la fiscalización automática que conlleva el rastro digital debe contrarrestarse con claridad sobre los beneficios de la formalización, presentada no como costo sino como inversión en sostenibilidad empresarial.
El futuro: regulación e interoperabilidad
Las proyecciones institucionales son significativas. El BCRP estima que para 2025, hasta el 50% de las transacciones minoristas podrían ser digitales. La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) avanza en marcos regulatorios para integrar todas las billeteras en un sistema interoperable nacional, paso clave para su consolidación como herramientas de política económica.
En el paisaje urbano peruano, la evidencia es tangible: los letreros «Acepto Yape» y «Pago con Plin» superan en visibilidad a los avisos de cajeros automáticos en distritos populares. El dinero, transformado en transmisión digital instantánea, está construyendo transacción a transacción un nuevo historial crediticio nacional.
Por: Jose Luis Veiga












