Juan Manuel Fangio, el sacrificio y la humildad detrás del volante

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El piloto que llevó a la Argentina a lo más alto del automovilismo mundial es dueño de una rica historia personal, basada en esfuerzo y voluntad. Su carrera y sus frases más recordadas.

Descendiente de una familia italiana, Juan Manuel Fangio fue uno de los automovilistas y deportistas argentinos más admirados de todos los tiempos. Nacido en la ciudad de Balcarce, en la provincia de Buenos Aires, es considerado uno de los pilotos más importantes del mundo, gracias a decenas de triunfos que lo llevaron a ser quíntuple campeón de la Fórmula 1, el segundo más ganador en la historia.

Fangio es dueño de 24 victorias, 35 podios, 29 pole positions y 23 vueltas rápidas en 59 Grandes Premios, y por años mantuvo el récord de más títulos en Fórmula 1 hasta que, en 2003, fue desplazado por el alemán Michael Schumacher. Sin embargo, a la fecha, se mantiene como el piloto de mejor promedio de victorias, el único que ganó campeonatos de Fórmula 1 con cuatro escuderías distintas y el piloto campeón más longevo de la historia.

Esfuerzo y voluntad       

Desde pequeño, Juan Manuel Fangio manifestó su vocación por la velocidad, convencido de que un automóvil en marcha era capaz de “cobrar vida” y de adaptarse a las exigencias de cualquier conductor. Siempre consideró a la fuerza de voluntad como una conducta clave para cosechar sus triunfos, porque desde chico encarnó una cultura del trabajo basada en el esfuerzo que le enseñó que “para triunfar hay que sacrificarse”.

Si bien se consideraba un hombre con suerte, el sentido de la responsabilidad también era muy importante para Fangio. “Es muy fácil parar cuando uno está cansado”, respondió una vez en medio de una entrevista con el diario La Nación, en 1989. “Pero uno se rehabilita a sí mismo cuando pasa por la crisis más difícil”, retrucó. Para Fangio, era muy importante conocer sus límites, porque sostenía que lidiando con ellos era como aprendía y perfeccionaba sus objetivos.

«Se mantiene como el piloto de mejor promedio de victorias, el único que ganó campeonatos de Fórmula 1 con cuatro escuderías y el campeón más longevo de la historia.»

Por otro lado, y gracias a un conocimiento estricto de sus capacidades, insistía en que no importaba tener limitaciones: “Todos tenemos límites y está bien, lo único que importa es conocerlos bien”.

Fuerza, capacidad y honestidad. Según Fangio, con esas tres virtudes bien combinadas, un equipo es capaz de lograr todo lo que se proponga. Otra de sus insistencias no menores era la de tener siempre un proyecto, aun cuando fracase; no hay que desmotivarse y enseguida, en lo posible, montar otro. Sin proyectos nadie puede avanzar, decía, por eso es necesario alimentarlos y apostar por ellos, porque “siempre hay algo por hacer”.

Control mental y humildad 

Juan Manuel Fangio levantó su primer taller mecánico a los 22 años. Tiempo más tarde, le anexó una estación de YPF y agrandó el taller. Cuando empezó con las carreras, jamás pensó en los premios que podría ganar corriendo, si no en que gracias a ellos la empresa que manejaba podría mejorar y crecer. “La iniciativa personal es la base de cualquier empresa”, sostenía. No sería hasta cumplir sus 38 años cuando comenzó a correr en Europa.

Muchos periodistas e historiadores coinciden en que Fangio, además de haberse consagrado como uno de los automovilistas más importantes de la historia de la Fórmula 1 y otras carreras, fue un ejemplo de humildad y vocación ardua por lo que soñaba: conducir a gran velocidad, conocer la intensidad de los automóviles en las curvas más desafiantes y volcar su control mental y disciplina analítica a mejorar en las carreras y la carrocería con la que corría, gracias a un trabajo en equipo permanente con mecánicos, copilotos y aquellos que por años financiaron sus carreras.

Sin proyectos nadie puede avanzar, decía, por eso es necesario alimentarlos y apostar por ellos, porque “siempre hay algo por hacer”.

Financiado por el Automovil Club Argentino, en 1948 viajó a Europa triunfó en San Remo, Pau, Perpiñán y Marsella, con Maserati, y en Monza, al volante de un Ferrari. Incluido por Alfa Romeo en su equipo, fue subcampeón mundial en 1950 y campeón en 1951. Años más tarde sufrió un accidente en Monza que lo dejó deshabilitado por dos temporadas. Sin embargo y de nuevo en las pistas, se proclamó campeón del mundo en 1954 (Maserati y Mercedes), 1955 (Mercedes), 1956 (Lancia-Ferrari) y 1957 (Maserati), año en que obtuvo la que tal vez haya sido su más legendaria y última victoria en el Gran Premio de Alemania, a los 46 años de edad.  Tras su retiro de la competición en 1958, fue designado presidente honorario de Mercedes-Benz en Argentina. 

Algunas de sus frases más aclamadas por grandes fanáticos y empresarios de los negocios:

  • “Siempre hay que intentar ser el mejor, pero nunca creérselo del todo.”
  • “Nunca pensé en correr por dinero, sino en correr porque lo sentía.”
  • “Saber manejar es mucho más; es saber frenar. Frenar es todo un arte.”

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