Los carros conectados se han convertido en el nuevo frente de tensión entre China, Europa y Estados Unidos. Una investigación noruega encendió alarmas por espionaje y sabotaje remoto. Y es que el investigador noruego Tor Indstøy analizó un auto eléctrico de NIO y documentó que el 90% de la información recopilada era transferida a servidores en China.

Hay que anotar que un automóvil moderno de alta gama puede incorporar más de una docena de cámaras, además de radares y sensores láser que capturan imágenes del entorno y del interior. También puede incluir micrófonos y cámaras para supervisar la atención del conductor. El volumen de datos es enorme y, en muchos casos, su destino final resulta poco transparente.
Aunque el riesgo de filtración de información sensible es evidente, expertos advierten que el peligro más grave podría ser el sabotaje remoto. En tal sentido, investigadores en Noruega llevaron un autobús chino al interior de una mina para probarlo sin conectividad.

Durante la prueba, lograron acceder de forma remota al sistema de gestión de baterías, exponiendo vulnerabilidades críticas. Dinamarca y el Reino Unido han detectado brechas similares. De hecho, el Ministerio de Defensa británico habría recomendado a sus funcionarios no mantener conversaciones sensibles dentro de vehículos con electrónica china.
Según informó el Financial Times, Washington ha prohibido el uso de chips de comunicaciones y software de conducción autónoma chinos en carros vendidos en su mercado. Aunque se permiten materiales como plástico o vidrio fabricados en China, los componentes críticos de conectividad están vetados por motivos de seguridad nacional.
Curiosamente, China fue el primero en imponer límites al flujo de datos desde vehículos extranjeros y restringió de manera informal la circulación de modelos de Tesla en zonas sensibles. Las restricciones estadounidenses no solo buscan proteger datos, también refuerzan el control sobre la evolución tecnológica del automóvil del futuro.

Europa y su estrategia
Europa optó por aplicar aranceles a los vehículos eléctricos chinos para dar margen a sus fabricantes. Sin embargo, la estrategia no ha reducido la dependencia tecnológica. Empresas alemanas han externalizado aún más el desarrollo de software y chips con proveedores chinos.
Un informe del centro de estudios polaco OSW señaló que Polonia estudia prohibir carros chinos en instalaciones militares. Además, empresas chinas de conducción autónoma operan en Europa utilizando carrocerías ensambladas localmente, eludiendo aranceles, combinadas con sensores y software chinos para desplegar robotaxis. Europa aporta el chasis; China, la inteligencia.

Las restricciones han generado incentivos para la transferencia de conocimiento. El Financial Times menciona el caso de Quectel, que habría transferido software a la estadounidense Eagle Wireless para mantener presencia como proveedor de módulos de conexión. En paralelo, el presidente Donald Trump declaró en enero ante el Club Económico de Detroit: “Si quieren venir y construir una planta, y dar empleo a los estadounidenses y sus vecinos, eso es genial”.
Sin embargo, ante una cumbre prevista para abril, China podría solicitar flexibilizar las normas estadounidenses sobre conectividad. El Financial Times advierte que ceder en ese punto debilitaría la ventaja estratégica de Washington.












