Incentivos para comprar bicicletas y scooters eléctricos, ¿y por qué no?

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Tal y como venimos advirtiendo en las últimas semanas, la urgencia sanitaria generada por la propagación del coronavirus precipitará la transformación de muchos de nuestros hábitos y, como se está evidenciando estos días, podría acelerar el salto a un nuevo paradigma de movilidad. La dificultad de los medios de transporte públicos masivos para alojar, con seguridad, y confianza, a un volumen de pasajeros similar a aquellos días felices anteriores a la pandemia, propiciará, sin lugar a dudas, el uso del automóvil privado. Pero no nos quepa la menor duda de que también impulsará otra de las soluciones más interesantes, como el uso de bicicletas y scooters eléctricos.

El plan italiano: ayudar a adquirir scooters y bicicletas

Esa es la idea que ya han planteado en Italia, que pretende animar a sus ciudadanos con ayudas de 200 euros, e incluso 500 euros, y otros beneficios, para que adquieran bicicletas tradicionales, bicicletas con pedalada asistida, e incluso vehículos de movilidad personal como scooters eléctricos, segways y hoverboards.

Las ayudas podrían cubrir hasta un 50% del costo del vehículo, que ya de por sí es moderado, y acompañadas de otras medidas para facilitar su uso, como la habilitación de espacios reservados y carriles en las ciudades, se antojaría como una solución muy económica, y sostenible, para la movilidad en las ciudades en su recuperación tras el auge de la pandemia.

¿Se tomarán decisiones similares en otros paises? ¿Podemos esperar ayudas y subvenciones a bicicletas y scooters eléctricos?

Es evidente que, a pesar de que muchos empleos se hayan adaptado – forzosamente – al teletrabajo, nuestras ciudades tienen que adaptarse a la recuperación del ritmo habitual, a un volumen de desplazamientos diarios, similar al soportado antes de la pandemia. Pero soportar ese volumen de desplazamientos diarios prescindiendo de un porcentaje muy alto de la ocupación del transporte público, ya sea por exigencias legales para cumplir con cuotas seguras, o por la desconfianza e inseguridad de los pasajeros, implica buscar transportes alternativos.

Y la pregunta del millón es la siguiente, ¿soportarían nuestras ciudades el incremento del tráfico rodado, en automóviles privados, que se requiere para compensar esa pérdida de pasajeros del transporte público?

Evidentemente, nuestras ciudades tienen que ir más allá, y pensar que la única solución posible pasa por potenciar medios de transporte alternativos. Por otro lado, la pandemia, las medidas para evitar su propagación, y aquellas que se tomen para minimizar sus consecuencias económicas, no serán una excusa válida para dar marcha atrás en los compromisos medioambientales adquiridos estos años.

De momento, en Perù no se ha propuesto ninguna ayuda para la adquisición de bicicletas y scooters eléctricos. Seria bueno que las autoridades nacionales y locales recomienden el uso de este tipo de transporte, para evitar la congestión del transporte público, y de las carreteras.

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