Las grandes petroleras luchan por los combustibles fósiles limpios

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Esta estrategia, aparentemente contraria a la lógica, es el resultado de la presión ejercida por las organizaciones internacionales para la descarbonización y el continuo aumento de la demanda energética en todo el mundo.

Sin embargo, las empresas petroleras y de gas tienen enfoques variados para lograr este objetivo, ya que algunas adoptan el petróleo bajo en carbono y otras cambian sus operaciones hacia la energía renovable.

Repsol, por ejemplo, ha aumentado su asignación de inversiones para proyectos de bajas emisiones de carbono en unos 1.130 millones de dólares, con el objetivo de generar un 60% de electricidad renovable para 2025. Otras empresas tienen previsto aumentar su producción de gas natural como «puente evidente» hacia la transición energética. Para ello, Shell está ampliando su mercado de GNL y productos petroquímicos, además de invertir en desarrollos de biocombustibles e hidrógeno verde.

Exxon se muestra muy optimista con los cambios que está realizando, ya que espera duplicar sus ganancias de aquí a 2027, al tiempo que reduce las emisiones. La petrolera estadounidense esbozó esta semana un nuevo plan de gastos, aumentando el gasto anual de 16.000 a 19.000 millones de dólares a 20.000 y 25.000 millones de dólares, a raíz de unas condiciones de mercado más favorables tras la pandemia.

A pesar de las presiones de los jefes de gobierno, las empresas petroleras y de gas de muchos países se rebelan mientras la demanda mundial de energía sigue aumentando. En Canadá, empresas como Canadian Natural Resources, Cenovus Energy, Suncor Energy e Imperial Oil tienen previsto reducir las emisiones, pero no la producción. Varios actores esperan hacerlo incorporando nuevas técnicas innovadoras a las operaciones existentes, como el uso de la energía geotérmica en la producción de crudo de arenas petrolíferas.

Las grandes petroleras de todo el mundo están apostando por el petróleo con bajas emisiones de carbono en lugar de hacer la transición directa a las alternativas renovables. Mientras las grandes petroleras argumentan que las operaciones con energías renovables no pueden satisfacer la creciente demanda mundial de energía en la actualidad, varias luchan por mantener las operaciones petroleras en funcionamiento de una forma más respetuosa con el medio ambiente. Casi todas las grandes petroleras del mundo han anunciado inversiones en tecnología CAC, una medida que, según Brad Page, director general del Global CCS Institute, podría proporcionar la financiación necesaria para ampliar las operaciones y «limitar los impactos del calentamiento global».

La china Sinopec, por ejemplo, ha desarrollado una tecnología de craqueo al vapor para convertir el petróleo directamente en productos petroquímicos como el etileno y el propileno. Esto no sólo podría reducir los costes y los tiempos de producción asociados al refinado, sino que, si tiene éxito, reduciría drásticamente las emisiones de carbono del proceso.

La noruega Equinor, junto con otras multinacionales, ha trasladado su producción de petróleo de las zonas de explotación con altas emisiones de carbono a lugares donde puede bombear más fácilmente el petróleo con bajas emisiones de carbono. Centrándose en la producción ascendente, Equinor se está asociando con actores internacionales, como la rusa Rosneft, para desarrollar soluciones bajas en carbono para sus proyectos conjuntos en el futuro.

Este tipo de medidas podría permitir a las grandes petroleras seguir bombeando petróleo a un ritmo elevado y mantener sus compromisos de reducción de emisiones. Sin embargo, algunos expertos en energía acusan a las grandes petroleras, una vez más, de lavado verde, sugiriendo que no pueden tener su pastel y comérselo.

Las organizaciones ecologistas acusaron recientemente al banco de inversiones JPMorgan de apoyar a las grandes petroleras para que reduzcan su intensidad de carbono, pero no necesariamente sus niveles de producción, en lugar de respaldar el objetivo de las comunidades internacionales de actuar contra el cambio climático. Varios bancos apoyan el objetivo de las petroleras de reducir la «intensidad de carbono» de su petróleo, en lugar de la cantidad de crudo que producen, que según los ecologistas sigue teniendo un impacto negativo en el planeta.

Algunas empresas petroleras, sobre todo en Europa, intentan encontrar el equilibrio entre la transición hacia alternativas renovables y el mantenimiento de su producción de petróleo con bajas emisiones de carbono mientras se mantenga la demanda. BP, en particular, acoge la transición con planes para multiplicar por diez sus inversiones en negocios de bajas emisiones, unos 5.000 millones de dólares anuales.

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