El desarrollo del Porsche 911 993 que salvó a la firma

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La generación 993 del Porsche 911 llegó en un momento delicado para la casa de Stuttgart. Se jugaron la subsistencia de la misma a esta carta y, por fortuna, resultó ser todo un éxito. Esta cuarta generación es guardada con mimo en el corazón por una gran cantidad de aficionados, que lo consideran como la esencia más refinada de lo que debe ser un 911. Tras ella, nada volvería a ser lo mismo.

La fórmula de lo que debe ser un auténtico Porsche 911 se estableció con la generación 901 y ‘estipula’ que éste debe contar un motor bóxer de seis cilindros, refrigerado por aire y montado por detrás del eje trasero. Tal vez sea por ello que los aficionados tienen un sentimiento especial por la cuarta generación, la denominada 993, por ser la última en aglutinar y refinar al máximo para su época todos estos ingredientes.

Todo comienza a finales de 1988 cuando el Doctor Ulrich Bez –conocido también por su paso como CEO de Aston Martin hasta 2013–, por aquel entonces responsable de desarrollo de producto de Porsche, toma la decisión de no seguir adelante con el proyecto 911. Para él, el concepto del modelo estaba obsoleto y veía mejor el desarrollo hacia nuevos derroteros.

Por ello, el desarrollo de un nuevo 911 se dejó en un mero ‘restyling’ de cara a dejarlo morir en los próximos años, y los esfuerzos se dedicaron al proyecto 989, consistente en una berlina de cuatro puertas con un potente motor V8 refrigerado por agua, lo que 20 años más tarde se convertiría en lo que hoy conocemos como el Panamera.

Desafortunadamente, ya en 1991, la casa de Stuttgart comienza a pasar destacados apuros económicos y el dinero para desarrollo de nuevos modelos empieza a escasear. Es por ello que el proyecto 989 es cancelado y el Doctor Bez abandona su posición al cargo del departamento.

Con el agua al cuello, la marca debe pensar muy mucho a qué dedicar los ajustados recursos de que dispone, y deciden apostarlo todo a su caballo ganador, el 911. El director de proyecto asignado, Bernd Kahnau se lo dice claro a su equipo: »si el 993 no es un éxito, Porsche está acabada».

Para su diseño trabajaron codo con codo el británico Tony Hatter y Harm Lagaay. El resultado fueron unas formas más fluidas y redondeadas con gran protagonismo para sus ópticas delanteras. Todo ello no resultó una tarea sencilla, pues las restricciones económicas acusaban y se debieron reciclar elementos de la generación 964 tales como el techo, las ventanillas y las puertas.

El apartado mecánico también tuvo su basamento en la iteración previa con el motor de 3.6 litros, en esta ocasión con la potencia mejorada hasta los 275 caballos. Ello se lograba gracias al uso de nuevos materiales en cigüeñal y bielas que incrementaban su rigidez y reducían su peso a la vez. Bosch, igualmente, mejoró su sistema de inyección Motronic, con lo que la mecánica resultante también era más eficiente, en torno a un litro menos a los 100 kilómetros. Unido a este motor se acoplaba una caja de cambios manual que por primera vez en un 911 contaba con una sexta relación.

El cambio más drástico del 993 con respecto a sus predecesores, no obstante, se encontraba en su chasis. Y es que el puente trasero era completamente nuevo, con un esquema de doble triángulo acoplado a su propio subchasis independiente que sustituía al de brazos tirados con el que contaba la generación anterior. Este esquema se cogió directamente del proyecto 989 cuando éste quedó descartado y permitía un mejor aplomo en los cambios de dirección al afrontar las inercias. Delante, por supuesto, seguía contando con un torres McPherson.

El 993 fue desvelado en el Salón del automóvil de Frankfurt de 1993, el mismo escenario que 30 años antes había visto nacer al 911. Enseguida, las primeras pruebas de los medios especializados comenzaron a alabar un comportamiento dinámico y deportividad que tampoco dejaba de lado la usabilidad cotidiana, a lo que había que unir un ajustado consumo que parecía impensable para un deportivo de estas características.

En total, al cese de su producción en 1998 se fabricaron unos 38.600 ejemplares entre versiones descapotables, coupés, TurboTarga e incluso GT2, lo que lo convirtió en un auténtico éxito que salvó a la marca. Muestra de su repentino cambio a mitad de desarrollo fue la pronta presentación de su sucesor, apenas tres años tras lanzarse al mercado el 993 veía la luz en Frankfurt la generación 996, una generación no exenta de polémica, tras la cual, nada en la familia 911 sería lo mismo.

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