Lo que nadie te dice de los autos eléctricos: el costo oculto de la batería

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Los vehículos eléctricos prometen una conducción más eficiente, silenciosa y con menores costos operativos. El ahorro en combustible, la reducción del mantenimiento y los incentivos que existen en algunos mercados han impulsado su crecimiento a nivel mundial. Sin embargo, existe un aspecto que comienza a generar preocupación entre compradores y analistas: el costo de propiedad a largo plazo.

¿El mayor costo de un vehículo eléctrico no es comprarlo… sino lo que ocurre después de 10 años?

Cuando una persona adquiere un auto eléctrico suele comparar el precio de compra con el ahorro que obtendrá al dejar de consumir gasolina o diésel. También considera que ya no tendrá que realizar cambios de aceite, filtros o muchas de las intervenciones mecánicas tradicionales.

Pero existe una variable que puede cambiar completamente esa ecuación: la degradación de la batería.

La batería: el componente más costoso

La batería representa entre el 30% y el 50% del valor total del vehículo, dependiendo del modelo. Aunque los fabricantes han mejorado considerablemente su durabilidad, todas las baterías de ion-litio experimentan una pérdida gradual de capacidad con el paso del tiempo y los ciclos de carga.

Después de ocho o diez años, muchas conservan entre el 70% y el 85% de su capacidad original, aunque ese porcentaje puede variar según el clima, los hábitos de carga y el uso del vehículo.

Esto no significa que el auto deje de funcionar, pero sí que ofrecerá una menor autonomía respecto a cuando era nuevo.

El impacto en el valor de reventa

Aquí aparece uno de los mayores desafíos del mercado.

Cuando un comprador busca un vehículo usado, una de las primeras preguntas será:

¿Cuál es el estado real de la batería?

Si la batería ha perdido una parte importante de su capacidad, el valor del vehículo puede disminuir significativamente. Además, si el reemplazo de la batería resulta muy costoso, muchos propietarios podrían optar por vender el auto antes de enfrentar esa inversión.

En consecuencia, el mercado de vehículos eléctricos usados podría comportarse de manera muy distinta al de los vehículos con motor de combustión.

El reemplazo no siempre será la única opción

No todo es una mala noticia.

La industria ya trabaja en soluciones como:

  • Reparación de módulos individuales en lugar de cambiar toda la batería.
  • Programas de reacondicionamiento.
  • Baterías de segunda vida para almacenamiento de energía.
  • Tecnologías más resistentes como las futuras baterías de estado sólido.

Además, los costos de fabricación continúan disminuyendo, por lo que el reemplazo podría ser mucho más económico dentro de algunos años.

Un mercado que todavía está madurando

La movilidad eléctrica aún es relativamente joven. Todavía no existe suficiente información sobre cómo se comportará el mercado cuando millones de vehículos eléctricos superen los diez o quince años de uso.

Lo que sí parece claro es que, en el futuro, el certificado del estado de salud de la batería (State of Health o SoH) tendrá tanta importancia como hoy tiene el kilometraje o el historial de mantenimiento en un vehículo convencional.

La verdadera pregunta antes de comprar

Comprar un vehículo eléctrico no debería limitarse a preguntar cuántos kilómetros recorre con una carga o cuánto cuesta instalar un cargador en casa.

También es importante conocer:

  • La garantía de la batería.
  • El costo estimado de un eventual reemplazo.
  • La disponibilidad de servicio técnico especializado.
  • El valor de reventa proyectado.
  • Las opciones de reparación o reacondicionamiento de la batería.

Conclusión

La movilidad eléctrica representa el futuro de la industria automotriz y ofrece ventajas evidentes en eficiencia, emisiones y costos de operación. Sin embargo, el verdadero reto para los propietarios podría no estar en el momento de la compra, sino varios años después, cuando la batería comience a perder capacidad y el mercado determine cuánto vale realmente ese vehículo.

La gran pregunta para consumidores, fabricantes y gobiernos ya no es si los autos eléctricos dominarán el mercado. La verdadera incógnita es cómo evolucionará su valor cuando la batería llegue al final de su vida útil y quién asumirá ese costo.

Porque en un vehículo eléctrico, el componente más importante no es el motor… es la batería. Y de ella dependerá gran parte de su valor en el futuro.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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