La transición tecnológica automotriz no fallará por los vehículos ¿Tenemos talento en el Perú?

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Durante los últimos años, el debate sobre el futuro de la industria automotriz en el Perú se ha concentrado en los vehículos. Hablamos de autos eléctricos, híbridos, conectividad, inteligencia artificial, sistemas avanzados de asistencia a la conducción y nuevas tecnologías de movilidad.

Pero existe una pregunta mucho más importante que todavía recibe poca atención:

¿Quiénes van a trabajar, reparar, vender, diagnosticar y gestionar toda esta nueva tecnología?

Porque la transición tecnológica automotriz en el Perú probablemente no fracasará por falta de vehículos. Tampoco necesariamente por falta de marcas o de consumidores interesados.

El verdadero riesgo está en la brecha de talento.

Los vehículos ya están cambiando

El automóvil moderno se parece cada vez menos a la máquina que conocíamos hace apenas una década.

Hoy un vehículo incorpora decenas de sistemas electrónicos, sensores, cámaras, radares, software, conectividad y unidades de control. Los vehículos eléctricos añaden baterías de alto voltaje, sistemas de gestión energética y nuevos protocolos de seguridad.

Incluso los vehículos de combustión son ahora plataformas tecnológicas mucho más complejas.

Esto significa que el perfil tradicional del trabajador del sector automotor está cambiando.

El mecánico necesita nuevas competencias.
El técnico necesita dominar sistemas electrónicos y digitales.
El asesor comercial debe entender nuevas tecnologías para poder explicarlas.
Los talleres necesitan procesos diferentes.
Los concesionarios requieren nuevas capacidades de diagnóstico y atención.

Y los gerentes deben comprender que comprar equipos no es lo mismo que construir capacidades.

La tecnología puede comprarse. El conocimiento no.

Una empresa puede importar el vehículo más moderno del mundo.

Puede instalar nuevos equipos de diagnóstico. Puede invertir en software, cargadores, herramientas especializadas e infraestructura.

Pero hay algo que no puede comprarse de manera inmediata:

personas preparadas para utilizar, interpretar y aprovechar esa tecnología.

Ese es el verdadero desafío.

La transformación tecnológica no consiste simplemente en incorporar nuevos productos. Requiere transformar las capacidades de las organizaciones.

Una empresa que incorpora vehículos eléctricos, pero no capacita adecuadamente a sus técnicos, tendrá tecnología sin capacidad operativa.

Un concesionario que vende vehículos cada vez más sofisticados, pero mantiene equipos comerciales con conocimientos del pasado, tendrá dificultades para transmitir confianza al cliente.

Un taller que compra equipos modernos, pero no desarrolla nuevas competencias, terminará utilizando tecnología avanzada con procesos antiguos.

Y esa combinación puede convertirse en una de las principales barreras para la modernización del sector.

El problema no es del futuro. Ya está aquí.

Muchas organizaciones todavía hablan de capacitación como si fuera una preparación para lo que vendrá dentro de diez años.

Ese enfoque puede ser peligroso.

Los cambios ya están ocurriendo.

La electrificación avanza. La conectividad aumenta. Los sistemas de asistencia se vuelven más sofisticados. El software tiene cada vez mayor protagonismo dentro del vehículo.

La pregunta ya no debería ser:

¿Cuándo llegará esta transformación al Perú?

La pregunta debería ser:

¿Qué tan preparados estamos para trabajar con ella?

Porque cuando el mercado acelere, las organizaciones que no hayan desarrollado talento tendrán que competir por profesionales que probablemente serán escasos.

Y entonces capacitar será mucho más caro que hacerlo hoy.

La gran responsabilidad de las empresas

La formación no puede seguir siendo únicamente responsabilidad de los institutos, universidades o centros técnicos.

Las empresas también deben asumir un papel activo.

Cada organización del sector debería comenzar a preguntarse:

  • ¿Qué competencias necesitarán nuestros trabajadores dentro de tres años?
  • ¿Cuáles de nuestros puestos cambiarán radicalmente?
  • ¿Qué conocimientos actuales comenzarán a quedar obsoletos?
  • ¿Estamos capacitando a nuestro personal o simplemente reaccionando cuando aparece un problema?
  • ¿Tenemos un plan de actualización tecnológica para nuestros equipos?

La capacitación ya no debería ser considerada un gasto.

Es una inversión en competitividad.

Porque una empresa puede tener el mejor producto, pero si su personal no está preparado para comprenderlo, venderlo, repararlo o gestionarlo, esa ventaja tecnológica tendrá una vida muy corta.

Perú necesita preparar personas, no solo importar tecnología

El país necesita discutir con mayor profundidad cómo formar el talento que requerirá la nueva movilidad.

Se necesitan técnicos especializados, ingenieros, expertos en electrónica, software, baterías, conectividad y sistemas de seguridad.

Pero también se necesitan nuevos perfiles comerciales y de gestión.

La transformación será transversal.

No afectará solamente al técnico que abre el capó de un vehículo. Cambiará la forma en que se vende, se financia, se asegura, se mantiene y se utiliza un automóvil.

Por eso, la preparación debe comenzar ahora.

Las empresas que entiendan esta realidad tendrán una ventaja importante: podrán evolucionar junto con la tecnología.

Las que esperen a que el cambio sea inevitable probablemente descubrirán que el mayor problema no era conseguir los vehículos.

Era conseguir a las personas capaces de trabajar con ellos.

La pregunta que toda organización debería hacerse

La revolución tecnológica del automóvil ya está en marcha.

Los vehículos llegarán. Las nuevas marcas llegarán. Los sistemas serán cada vez más sofisticados.

Pero ninguna transformación funciona por sí sola.

Detrás de cada vehículo eléctrico, cada sistema inteligente y cada nueva plataforma tecnológica debe haber personas capacitadas para hacer que todo funcione.

Por eso, quizás la pregunta más importante para las empresas del sector automotor no sea qué tecnología comprarán mañana.

La verdadera pregunta es:

¿Cómo está preparando tu organización a su personal para los cambios tecnológicos que ya están aquí?

Porque en la nueva industria automotriz, la tecnología marcará la diferencia.

Pero el talento decidirá quién está preparado para aprovecharla.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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