Mientras el mundo acelera hacia un transporte más limpio y eficiente, el Perú comienza a recorrer el camino de la electromovilidad. Sin embargo, el ritmo todavía es lento. Aunque las ventas de vehículos eléctricos e híbridos crecen año tras año y el interés de los consumidores aumenta, nuestro país continúa rezagado frente a otras naciones de América Latina.
De acuerdo con la Asociación Automotriz del Perú (AAP), la transición hacia la movilidad eléctrica ya es una realidad, pero aún enfrenta importantes barreras que limitan su desarrollo. La falta de incentivos tributarios, la escasa infraestructura de carga y la ausencia de una política pública integral hacen que el crecimiento peruano sea mucho menor que el observado en mercados como Chile, Colombia, Costa Rica o Uruguay.
Un mercado que crece, pero desde una base muy pequeña
Cada vez más marcas incorporan vehículos eléctricos e híbridos a su portafolio. Hoy es posible encontrar desde automóviles urbanos hasta SUV, vehículos comerciales e incluso buses eléctricos.
Este crecimiento demuestra que existe interés tanto por parte de las empresas como de los consumidores. Sin embargo, la participación de estos vehículos dentro del parque automotor nacional sigue siendo reducida, especialmente si se compara con otros países de la región donde la electromovilidad cuenta con incentivos económicos, beneficios tributarios y una red de carga mucho más desarrollada.
¿Por qué el Perú avanza tan lentamente?
La AAP ha señalado que el principal problema no es la falta de oferta de vehículos, sino la ausencia de un ecosistema que impulse la transición energética.
Entre los principales desafíos destacan:
- La limitada infraestructura de estaciones de carga pública.
- La ausencia de incentivos fiscales para la compra de vehículos eléctricos.
- La falta de una estrategia nacional de largo plazo para la movilidad sostenible.
- La escasa renovación del parque automotor, uno de los más antiguos de América Latina.
- La necesidad de generar mayor confianza entre los consumidores respecto a la autonomía, mantenimiento y valor de reventa de estos vehículos.
Mientras otros países ofrecen exoneraciones de impuestos, beneficios de circulación o programas de renovación vehicular, en el Perú la decisión de comprar un vehículo eléctrico depende casi exclusivamente del poder adquisitivo del consumidor.
Una oportunidad económica y ambiental
La electromovilidad no solo representa una reducción de emisiones contaminantes. También abre oportunidades para atraer nuevas inversiones, desarrollar infraestructura energética, generar empleos especializados y modernizar el transporte público.
El Perú posee además una matriz eléctrica relativamente limpia, lo que convierte al vehículo eléctrico en una alternativa con un impacto ambiental aún mayor que en países donde la generación eléctrica depende principalmente de combustibles fósiles.
El reto no es tecnológico, sino político
La tecnología ya existe. Los fabricantes están preparados. Las marcas continúan incorporando nuevos modelos y la oferta seguirá creciendo en los próximos años.
El verdadero desafío es construir un marco regulatorio que incentive la inversión y permita acelerar la adopción de esta tecnología. Sin políticas claras, el país corre el riesgo de observar cómo el resto de América Latina consolida su transición energética mientras el mercado peruano continúa avanzando a una velocidad insuficiente.
En conclusión
La electromovilidad ya dejó de ser una tendencia del futuro; es una transformación que está ocurriendo ahora. El Perú ha comenzado a dar sus primeros pasos, pero todavía se encuentra lejos del liderazgo regional.
Si el país quiere reducir emisiones, modernizar su parque automotor y atraer nuevas inversiones, será indispensable que el Estado, el sector privado y los consumidores trabajen de manera conjunta para acelerar esta transición. De lo contrario, seguiremos viendo cómo la revolución eléctrica avanza… pero desde el espejo retrovisor.












