«Hicimos que los chinos fueran inteligentes»

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Esa fue la frase de Jochen Sengpiehl, exdirector de marketing de Volkswagen en China, durante una entrevista con el periodista alemán Paul Ronzheimer.

Puede sonar provocadora. Incluso arrogante. Pero, más allá del impacto de la frase, plantea una reflexión interesante sobre cómo ha cambiado el equilibrio de poder en la industria automotriz mundial.

Durante décadas, los fabricantes occidentales llegaron a China con un objetivo claro: vender vehículos en el mercado más grande del planeta. Para hacerlo, aceptaron crear empresas conjuntas, compartir procesos de fabricación, capacitar talento local y transferir conocimientos en ingeniería, producción, calidad y gestión.

Aquella estrategia permitió a las marcas europeas y estadounidenses acceder a un mercado gigantesco, pero también contribuyó a acelerar el desarrollo tecnológico de la industria automotriz china.

Sin embargo, la historia no terminó allí.

Las empresas chinas no se limitaron a copiar lo que aprendieron. Invirtieron miles de millones de dólares en investigación y desarrollo, apostaron por la electrificación cuando muchos fabricantes tradicionales aún dudaban de su viabilidad, desarrollaron software propio, fortalecieron su cadena de suministro y construyeron una enorme capacidad de producción.

El resultado está a la vista.

Hoy, muchas marcas chinas no solo compiten con los fabricantes tradicionales, sino que en varios segmentos marcan el ritmo de la innovación. Vehículos eléctricos, baterías, conectividad, inteligencia artificial y automatización industrial son áreas donde China ha logrado una posición de liderazgo.

Quizá, entonces, la frase de Sengpiehl necesite un complemento.

Occidente ayudó a formar una parte importante del conocimiento industrial que impulsó el crecimiento del sector automotor chino. Pero fue China la que decidió acelerar, invertir, adaptarse y transformar ese conocimiento en una ventaja competitiva.

La verdadera lección no es quién enseñó a quién.

La lección es que compartir tecnología con un país dispuesto a aprender, innovar y ejecutar con rapidez puede cambiar por completo el mapa de una industria.

Y eso es exactamente lo que estamos viendo hoy.

La industria automotriz ya no gira exclusivamente alrededor de Europa, Japón o Estados Unidos. El centro de gravedad se ha desplazado, y China ha dejado de ser únicamente la fábrica del mundo para convertirse en uno de los principales protagonistas de la innovación automotriz global.

Más que una frase polémica, las palabras del exdirectivo de Volkswagen invitan a reflexionar sobre una realidad que muchos aún se resisten a aceptar: la competencia ya no se basa solo en fabricar buenos automóviles, sino en quién aprende más rápido, innova con mayor velocidad y transforma el conocimiento en liderazgo.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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