El lado OSCURO del boom de las MOTOS en Perú: imprudencia, accidentes y descontrol

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En los últimos años, el crecimiento del parque de motocicletas en Perú ha sido explosivo. La moto se ha convertido en una alternativa rápida, económica y accesible frente al tráfico interminable, el alto costo de los autos y las limitaciones del transporte público. Sin embargo, este auge también ha traído consigo un problema que cada día genera más tensión en las calles: las malas prácticas de conducción.

Para miles de conductores, manejar junto a motociclistas se ha convertido en una experiencia de alto estrés. Invasión de carriles, adelantamientos temerarios, circulación entre vehículos, exceso de velocidad y el irrespeto a señales de tránsito son parte de una escena cotidiana que se repite en Lima y varias ciudades del país.

El problema no es la motocicleta como herramienta de transporte, sino la cultura vial que se ha formado alrededor de ella. Muchos motociclistas, especialmente quienes trabajan en delivery o transporte informal, priorizan la rapidez sobre la seguridad, exponiéndose y poniendo en riesgo a peatones, pasajeros y otros conductores.

Las cifras de accidentes reflejan esta realidad. Las motos están involucradas en una parte importante de los siniestros viales, y en muchos casos las consecuencias son graves o fatales debido a la vulnerabilidad del conductor y pasajero.

Especialistas en seguridad vial coinciden en que el crecimiento de las motos no ha ido acompañado de suficiente educación, fiscalización ni infraestructura adecuada. La falta de control permite que muchos circulen sin casco adecuado, sin licencia o incluso sin SOAT vigente.

Pero el malestar ciudadano va más allá de la seguridad. Existe una percepción creciente de desorden e impunidad. Muchos conductores sienten que las normas parecen aplicarse de forma desigual y que ciertas conductas peligrosas se han normalizado.

El desafío para Perú no es frenar el crecimiento de las motocicletas, sino ordenar su presencia en las calles. Más educación vial, sanciones efectivas y campañas de concientización podrían ser claves para reducir el conflicto y hacer de las vías un espacio más seguro para todos.

Porque la moto puede ser una solución de movilidad, pero cuando se conduce sin respeto, termina convirtiéndose en parte del problema.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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