¿Por qué se incendian normalmente los carros?

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Dejando de lado los casos aislados y que atienden exclusivamente a fallos en el diseño que son corregidos por llamados masivos, en la mayoría de ocasiones se ha encontrado que un automóvil, cualquiera que sea su marca, se incendia mayormente en el compartimiento que aloja el motor, pues esta unidad está compuesta por diferentes materiales susceptibles de inflamarse. Hay incendios tan voraces que pueden consumir un carro completo en dos minutos. Y el peligro para los ocupantes de la cabina no es tanto el fuego sino el humo o las explosiones derivadas del incendio.

El principal detonante es, como no, el combustible que circula por diferentes mangueras y bombas. Si estos componentes se encuentran en mal estado, sueltos o agrietados, pueden provocar el derrame de carburante que, al hacer contacto con otros materiales calientes provocan las llamas. También, el recalentamiento del motor puede hacer que una elevación súbita de temperatura produzca la inflamación de líquidos y gases por el calor excesivo.

Bien es sabido que un automóvil está surcado por un sinnúmero de cables que conducen electricidad para activar los diferentes sistemas: luces, testigos, audio, mandos y otras funciones.

Una mala conexión o un corto circuito en el sistema pueden provocar la chispa que desate la conflagración al hacer contacto con materiales como el caucho o el plástico. Todo este panorama es evitable con un adecuado mantenimiento de las partes.

Un incendio puede producirse además tras un fuerte impacto de la carrocería por la desaceleración súbita que provoca que algunos líquidos alcancen un punto de inflamación, se salgan de los recipientes que los contengan y generen el posterior inicio del fuego tras una corriente eléctrica, sirviendo como conductores de las llamas hacia la cabina igual a través de los cables.

El gas representa peligro

En los carros que tienen conversión a gas natural vehicular se debe realizar un seguimiento y mantenimiento adecuado en el que se eviten posibles fugas en las conexiones de este combustible.

Hay que tener especial atención con el cilindro de almacenamiento porque es posible que se presenten escapes que pueden generar incendios e incluso explosiones sino se atienden de forma adecuada. Este tipo de incidentes suelen ocurrir en sitios con poca ventilación.

Si se produce una fuga de gas, este empezará a difundirse por el suelo y se puede encender por una simple chispa al activar una luz o un encendedor. Se produce una explosión y la posterior conflagración del gas que queda en el aire.

Y si se incendia, qué hacer

El primer síntoma de que algo no anda bien es el humo negro. Este se produce antes de que las llamas comiencen a ser visibles. Si se origina en el compartimiento del motor lo más recomendable es detener la marcha, apagar el auto, quitar la llave y no abrir la tapa, pues al ingresar más oxígeno aumenta el volumen de la combustión.

Eso sí, lo primordial, antes de salvar la máquina, es evacuar a los pasajeros de la cabina, por lo menos a 50 metros del vehículo y en dirección contraria a las llamas. Si se continúa la marcha, es posible que el fuego ingrese a la cabina por los ductos de ventilación.

Un extintor a la mano es la clave para intentar sofocar las llamas. Este es de uso obligatorio por el Código Nacional de Tránsito (CNT), es decir, todo automóvil debe equipar uno al día en recargas. Lo recomendable es usarlo solo si el fuego aun es en un área reducida. Sí es en el motor el origen, lo más adecuado es dirigir el chorro del químico ignífugo (que no se inflama ni propaga la llama o el fuego) de manera precisa y ágil, pues no suele durar más de 30 segundos, por las rejillas de la persiana o a través de algún hueco del capó mientras los bomberos hacen presencia en el lugar.

Si bien los autos incendiados solo explotan en las películas, si las llamas ya han cobrado un volumen importante es mejor dejar arder el carro y alejarse, pues respirar el humo puede envenenar por intoxicación.

No apagar con agua

Es una práctica muy común, pero ineficiente cuando no se tiene a la mano un extintor o este se agota. El agua, al hacer contacto con el combustible derramado y en llamas, no hace otra cosa que propagarlo, además, se evapora rápidamente por la temperatura de la gasolina o el aceite que arde y hace que el incendio se propague con mayor ferocidad.

Si el fuego es aún pequeño y controlable se puede probar con una toalla mojada, por ejemplo, sobre el foco y así ahogar la entrada de aire y sofocar el incidente. La arena podría servir para este menester si se tiene a la mano. Si es muy grande, llame a los bomberos.

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