El sistema de dirección: ¿qué es y cómo funciona?

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El sistema de dirección de un automóvil tiene la misión de orientar las ruedas delanteras del carro, de acuerdo con la «instrucción» que desde el volante le dé su conductor de dirigirse a izquierda, derecha o seguir en línea recta.

Su contribución a preservar la seguridad en la marcha es de alta importancia. Es un sistema crítico. Por eso, al igual que el de suspensión o frenos, son elementos de seguridad que están incluidos en la revisión técnico mecánica, porque si en algún momento falla el vehículo, pierde maniobrabilidad y se pone en riesgo la vida de sus ocupantes y de los demás usuarios en la vía.

El perfeccionamiento de este sistema a lo largo de los años ha permitido controlar de manera muy fiable el vehículo, especialmente cuando de viajar a altas velocidades se trata.

En un principio, en los primeros carros en serie de la historia, la dirección era directa, mediante un sistema de palanca o manubrio. Un mecanismo poco fiable y que muchas veces hacía que los carros terminarán en una zanja a un lado de las incipientes vías de ese entonces.

Más adelante se desarrollaron alternativas más confiables, y seguras, que permitieran mantener la trayectoria. El mecanismo de tornillo sin fin que estaba unido al volante del carro por el brazo de dirección, y en su otro extremo a una rueda dentada a la que se unía la rueda mediante una barra de acoplamiento. Con cada giro del volante las ruedas giraban un cierto número de grados para tomar la dirección que el conductor precisaba.

Con la evolución de los vehículos, se pasó al esquema denominado de piñón y cremallera, que ofrece mucha más precisión en los giros que hacen las ruedas y tiene la ventaja de contar con muchos menos componentes en su estructura.

Este sistema, por lo general, está montado en la parte posterior del eje delantero del vehículo, lo que le brinda mayor protección, por ejemplo en caso de un impacto.

Más ayudas

Pero no solo la incorporación del sistema de piñón y cremallera facilitó la vida de los conductores. En épocas un poco más recientes, a este mecanismo se le adicionaron ayudas que permiten que esa maniobra sea menos agotadora para un conductor.

Primero fue la dirección hidráulica, que mediante una bomba impulsa un líquido que llega a la caja de dirección y presiona unos sellos que impulsan las varillas de acoplamiento que unen la caja a las ruedas. Este es un sistema que, por ejemplo, facilita las maniobras de parqueo porque el esfuerzo del conductor es menor.

Uno de los inconvenientes del sistema radica en que el funcionamiento de la bomba está asociado al motor y consume potencia de éste, alrededor de unos cinco caballos. Otro factor en contra es el peso que adiciona al vehículo y es un mecanismo suceptible a fallos por fugas. Su mantenimiento implica un cambio del líquido cada 80 mil kilómetros aproximadamente.

Y de manera más reciente se ha desarrollado un mecanismo de dirección eléctrica en el que se prescinde por completo de la bomba hidráulica y es un motor eléctrico de alto torque controlado por sensores el que entrega la ayuda para generar el movimiento de la dirección en función de la torsión que se haga al timón.

Este es un sistema que tiene un tiempo de reacción muy rápido. También reduce considerablemente el peso frente al sistema hidráulico al tener menos piezas, es menos suceptible a fallos, y no consume potencia del motor.

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