Un conocido restaurante de Nueva York y su vino de 15 euros que, en realidad, costaba 1.700

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La oferta gastronómica de Nueva York es amplísima, pero hay restaurantes que hay que visitar, al menos, una vez. Balthazar, en el barrio del Soho, es uno de ellos. Un clásico en el que se puede comer, cenar o tomar el brunch como si estuvieses en una brasserie parisina. Un lugar que alberga todo tipo de historias, hasta una protagonizada por una botella de vino de 15 euros… que en realidad costaba 1.700.

Ha sido el dueño del restaurante, Keith McNally, el enc

Esa aparente normalidad se vio interrumpida cuando uno de los trabajadores del establecimiento se dio cuenta de lo que había pasado y llamó a Keith McNally. El dueño de Balthazar se personó en el restaurante y cuando llegó, según confiesa él mismo, tuvo un dilema: “No sabía si confesar y admitir el error o permitirles seguir bebiendo el vino en una feliz ignorancia. Sin duda, tomar la última opción habría sido lo más fácil y también lo más barato”.

A pesar de que el error iba a salirle caro, contó la verdad a las dos mesas. Invitó a la pareja a disfrutar de aquella botella que ya había sido abierta y sirvió otra a la mesa de los empresarios, cuyo anfitrión aseguró que se había dado cuenta de que no era un Mouton Rothchild del 89: “Los jóvenes estaban contentísimos por el error del restaurante y me dijeron que era como si el banco hubiera cometido un error a su favor. El problema fue que fui yo quien perdió los 1.700 euros y no el banco”.

los camareros de Balthazar confundieron dos botellas de vino a la hora de servirlas a una par de mesas diferentes: en una de ellas había una pareja que pretendía brindar con una de las bebidas más asequibles de la carta y en otra un grupo de empresarios aspiraba a saborear el más caro.

Los dos vinos

Los jóvenes pidieron un Pinot que costaba 15 euros y el grupo un Mouton Rothschild 1989 cuyo precio ascendía a 1.692 euros. La diferencia es abultada, pero la clave estuvo en el decantador: los dos eran iguales y los camareros sirvieron el vino en las mesas equivocadas. Ninguno de los comensales fue consciente de lo que estaba sucediendo: la pareja brindaba mientras el anfitrión de los empresarios presumía de ser un experto y alababa la pureza de un exclusivo vino que en realidad costaba mucho menos.

Esa aparente normalidad se vio interrumpida cuando uno de los trabajadores del establecimiento se dio cuenta de lo que había pasado y llamó a Keith McNally. El dueño de Balthazar se personó en el restaurante y cuando llegó, según confiesa él mismo, tuvo un dilema: “No sabía si confesar y admitir el error o permitirles seguir bebiendo el vino en una feliz ignorancia. Sin duda, tomar la última opción habría sido lo más fácil y también lo más barato”.

A pesar de que el error iba a salirle caro, contó la verdad a las dos mesas. Invitó a la pareja a disfrutar de aquella botella que ya había sido abierta y sirvió otra a la mesa de los empresarios, cuyo anfitrión aseguró que se había dado cuenta de que no era un Mouton Rothchild del 89: “Los jóvenes estaban contentísimos por el error del restaurante y me dijeron que era como si el banco hubiera cometido un error a su favor. El problema fue que fui yo quien perdió los 1.700 euros y no el banco”.

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