“Socialconfuso”: el nuevo votante perdido entre el miedo, la rabia y las redes sociales

0
438

En el Perú ha comenzado a aparecer un nuevo personaje político y social: el “socialconfuso”. No pertenece a un partido, no tiene una ideología clara y muchas veces ni siquiera entiende las propuestas de los candidatos que defiende en redes sociales. Es el ciudadano que cambia de opinión cada semana, que vota más por emociones que por convicciones y que termina atrapado entre la frustración, la desinformación y el hartazgo político.

El socialconfuso no es necesariamente una persona ignorante. En muchos casos es alguien agotado de promesas incumplidas, escándalos de corrupción y políticos reciclados. Vive bombardeado por TikTok, Facebook, YouTube y cadenas de WhatsApp donde cada candidato se vende como el “salvador del Perú” mientras acusa al rival de ser el fin de la democracia.

El problema es que el socialconfuso ya no analiza proyectos de país. Vota por impulsos. Un día quiere mano dura, al siguiente pide subsidios estatales; critica a la clase política, pero termina apoyando a los mismos rostros de siempre. Rechaza la corrupción, aunque muchas veces justifica a “su candidato” cuando aparecen denuncias.

En este escenario, las elecciones dejan de ser una discusión seria sobre economía, seguridad, educación o empleo. Se convierten en una guerra emocional donde gana quien grita más fuerte, quien viraliza mejor un video o quien logra sembrar más miedo en la población.

La política peruana también ha alimentado este fenómeno. Durante años, la izquierda y la derecha radical han preferido dividir al país antes que convencerlo. Unos venden el miedo al comunismo; otros, el odio al empresariado. Mientras tanto, el ciudadano común queda atrapado en el medio, confundido y cansado de elegir siempre entre extremos.

El socialconfuso representa una crisis más profunda: la pérdida de confianza en las instituciones y en la política tradicional. Muchos peruanos ya no votan con esperanza, sino con resignación. No eligen al mejor candidato; simplemente intentan evitar al que consideran peor.

Y ahí aparece el gran riesgo para el futuro del Perú: una sociedad confundida es más fácil de manipular. Cuando las emociones reemplazan al análisis, la democracia se vuelve vulnerable al populismo, a las falsas promesas y a los discursos radicales disfrazados de “cambio”.

El Perú necesita ciudadanos críticos, no hinchas políticos. Necesita personas capaces de cuestionar a todos los candidatos, incluso a aquellos con los que simpatizan. Porque mientras el país siga lleno de socialconfusos, las elecciones seguirán pareciendo un salto al vacío en lugar de una decisión racional para construir futuro.

Redacción Sobre Ruedas News

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí