Sánchez se saca la careta y celebra el Andahuaylazo

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De la ambigüedad al respaldo abierto. El discurso cambia… y enciende las alarmas.

En política, tarde o temprano, todos muestran su verdadera cara. Y esta vez, Roberto Sánchez ha decidido dejar de lado los matices para alinearse abiertamente con uno de los episodios más polémicos y violentos de la historia reciente del Perú: el Andahuaylazo.

Lo que algunos intentan maquillar como “gesta patriótica” no fue otra cosa que un levantamiento armado que dejó muertos, fracturó el orden democrático y puso en jaque la estabilidad institucional del país. Celebrarlo hoy no es un gesto inocente ni simbólico: es una declaración política clara, una señal de hacia dónde apuntan ciertas visiones del poder.

Sánchez no está hablando al vacío. Sus palabras conectan con un sector que romantiza la confrontación, que ve en la violencia un camino legítimo para alcanzar objetivos políticos. Pero el Perú ya ha pagado demasiado caro cada vez que se ha cruzado esa línea. Reabrir esas heridas, justificar esos actos o reinterpretarlos con conveniencia ideológica es, como mínimo, irresponsable.

El problema no es solo lo que dice, sino lo que representa. Porque cuando un actor político valida este tipo de episodios, también está enviando un mensaje peligroso: que el fin puede justificar los medios. Y eso, en una democracia frágil como la peruana, es dinamita pura.

Hoy más que nunca, el país necesita claridad, no ambigüedades. Necesita líderes que defiendan las instituciones, no que coqueteen con su ruptura. Sánchez ha tomado una posición. Ya no hay máscaras. La pregunta es si el Perú está dispuesto a normalizar este tipo de discursos o si, por el contrario, marcará un límite claro.

Redacción Sobre Ruedas News

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