En el Perú de hoy, donde millones de ciudadanos luchan diariamente para llegar a fin de mes, generar empleo y mantener vivos sus pequeños negocios, resulta cada vez más evidente que ciertos sectores políticos viven desconectados de la realidad económica del país. Uno de los casos más representativos es el de Roberto Sánchez, cuya narrativa política parece más enfocada en la confrontación ideológica que en impulsar el crecimiento económico que el Perú necesita.
Mientras el país intenta recuperarse de años de inestabilidad política, caída de inversiones y desaceleración económica, Sánchez insiste en discursos que generan incertidumbre en lugar de confianza. En vez de promover reglas claras para atraer inversión, fortalecer la industria nacional o impulsar la formalización del empleo, su postura suele alinearse con sectores radicales que ven al empresariado como enemigo y no como un actor fundamental para el desarrollo del país.
El crecimiento económico no es un capricho neoliberal, como algunos intentan caricaturizar. Es la base que permite crear puestos de trabajo, mejorar salarios, aumentar la recaudación y financiar programas sociales. Sin crecimiento no hay hospitales modernos, carreteras, colegios ni oportunidades para las familias más pobres. Sin embargo, pareciera que para Sánchez la prioridad no es hacer crecer la economía, sino alimentar permanentemente un discurso de lucha política que divide al país.
El problema de fondo es que muchos políticos hablan en nombre del pueblo, pero terminan perjudicando precisamente a quienes dicen defender. Cuando se espanta la inversión, se paralizan proyectos mineros o se genera inestabilidad jurídica, los primeros afectados no son los grandes empresarios, sino los trabajadores, los pequeños emprendedores y las regiones que dependen de esas actividades económicas.
El Perú ya ha vivido etapas donde el enfrentamiento ideológico destruyó confianza y frenó el desarrollo. La historia demuestra que ningún país sale adelante atacando la inversión privada o sembrando incertidumbre permanente. Las naciones que redujeron pobreza y crecieron sostenidamente lo hicieron generando estabilidad, promoviendo productividad y apostando por la modernización económica.
Hoy el país necesita liderazgo responsable, visión de futuro y propuestas concretas para reactivar la economía. Necesita políticos capaces de entender que crecimiento económico y justicia social no son enemigos, sino complementos indispensables. Pero mientras figuras como Roberto Sánchez continúen priorizando la confrontación política sobre la generación de riqueza, el Perú seguirá atrapado en el estancamiento y la polarización.
Porque sin crecimiento económico no hay progreso real. Y un político que no entiende eso, difícilmente puede conducir al país hacia el desarrollo.
Redacción Sobre Ruedas News












