¿Renegociar los TLC? El riesgo de dispararse al pie

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La renegociación radical pone en jaque miles de empleos, mercados internacionales y el futuro del campo peruano.

En el Perú, hablar de renegociar los Tratados de Libre Comercio (TLC) no es un tema menor. Es tocar uno de los pilares que, con aciertos y errores, ha sostenido el crecimiento económico del país durante las últimas décadas. Sin embargo, desde sectores de la izquierda radical, se plantea esta idea como una solución casi mágica a los problemas estructurales. La pregunta es inevitable: ¿realmente ayudaría o podría terminar perjudicando gravemente a sectores clave como las agroexportaciones?

Los TLC no son simples acuerdos comerciales; son compromisos de largo plazo que brindan previsibilidad, reglas claras y confianza a inversionistas nacionales y extranjeros. Gracias a estos acuerdos, el Perú ha logrado posicionarse como un actor relevante en mercados internacionales, especialmente en productos agrícolas como arándanos, paltas, uvas y espárragos. Este crecimiento no ha sido casual: responde a estabilidad jurídica, acceso preferencial a mercados y condiciones competitivas frente a otros países.

Renegociar estos tratados bajo un enfoque ideológico, sin una estrategia técnica clara, podría generar un efecto inmediato: incertidumbre. Y en economía, la incertidumbre es muchas veces más dañina que una mala política. Los mercados reaccionan rápido, las inversiones se paralizan y los compradores internacionales comienzan a buscar proveedores más confiables. Países como Chile, México o Colombia no dudarían en ocupar ese espacio.

El sector agroexportador es especialmente vulnerable a estos cambios. A diferencia de otras industrias, depende fuertemente de la confianza internacional, de cadenas logísticas complejas y de contratos a largo plazo. Si el Perú da señales de inestabilidad o de cambios abruptos en sus reglas de juego, el impacto podría traducirse en pérdida de mercados, caída de exportaciones y, finalmente, desempleo en miles de familias que dependen de esta actividad.

Esto no significa que los TLC sean perfectos o intocables. Existen brechas, desigualdades y sectores que no han sido plenamente beneficiados. Pero la solución no pasa necesariamente por dinamitar lo construido, sino por mejorar la competitividad interna, fortalecer la institucionalidad y negociar con inteligencia, no desde la confrontación.

El verdadero riesgo no está en debatir los TLC, sino en hacerlo desde posturas simplistas o radicales que ignoran las consecuencias económicas reales. Porque cuando se juega con la estabilidad comercial de un país, no solo se afecta a las grandes empresas, sino también a pequeños productores, trabajadores y regiones enteras que han encontrado en la exportación una oportunidad de desarrollo.

En política económica, las decisiones impulsivas suelen tener costos duraderos. Y en este caso, la pregunta final es clara: ¿vale la pena poner en riesgo uno de los motores más importantes de la economía peruana sin tener una alternativa sólida sobre la mesa?

Redacción Sobre Ruedas News

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