¿Qué sabe Antauro? El extraño miedo de Sánchez, se convierte en una bomba política

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La relación entre Roberto Sánchez y Antauro Humala se ha convertido en uno de los temas más incómodos de la campaña electoral peruana. Lo que comenzó como una “convergencia política” hoy parece transformarse en una carga difícil de ocultar para el candidato de Juntos por el Perú.

En las últimas semanas, Sánchez ha intentado marcar distancia de Antauro Humala luego de varias declaraciones polémicas del líder etnocacerista. Sin embargo, cada intento de deslinde termina siendo tibio, ambiguo o contradictorio. Y eso ha despertado una pregunta que muchos ya se hacen en la calle y en redes sociales: ¿por qué Sánchez no rompe definitivamente con Antauro?

El propio Sánchez calificó como “palabras excesivas” las declaraciones de Humala, quien aseguró que buena parte de los votos obtenidos por Juntos por el Perú le pertenecían al etnocacerismo. Aun así, evitó confrontarlo directamente y pidió “respeto entre aliados”.

El problema para Sánchez es que la cercanía con Antauro no nació ayer. Durante toda la campaña ambos aparecieron vinculados políticamente, compartiendo discursos nacionalistas, mensajes antisistema y ataques contra el establishment político. Incluso diversos medios recordaron que Antauro acompañó públicamente la candidatura de Sánchez y reafirmó varias veces su respaldo político.

Ahora que sectores moderados, empresarios y parte de la opinión pública observan con preocupación el radicalismo de Humala, Sánchez intenta despegarse. Pero cada vez que lo hace, Antauro reaparece para recordarle al país que siguen conectados políticamente.

Ese es el verdadero problema: Antauro habla como si tuviera poder sobre la campaña de Sánchez. Y Sánchez responde con cautela, evitando el choque frontal. Esa actitud alimenta las especulaciones sobre una posible presión política interna o incluso algún tipo de dependencia electoral.

No existen pruebas de amenazas directas, pero políticamente la situación transmite la sensación de que Sánchez quedó atrapado entre dos mundos: por un lado quiere parecer un candidato moderado y democrático; por el otro, necesita mantener cerca al voto radical que representa Antauro Humala.

El resultado es una contradicción permanente.

Cada declaración de Antauro termina golpeando a Sánchez. Y cada intento de deslinde termina viéndose forzado, tardío o poco creíble. Mientras tanto, el etnocacerista continúa marcando agenda y demostrando que, guste o no, sigue teniendo influencia sobre una parte importante de la izquierda radical peruana.

En política, cuando alguien no puede separarse de un aliado tóxico, normalmente existen solo dos opciones: miedo a perder poder… o miedo a lo que ese aliado pueda revelar.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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