“Peruanos que huyeron del país ahora quieren dar lecciones sobre un Perú que ya no conocen”

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Durante años, miles de peruanos dejaron el país buscando estabilidad, seguridad y mejores oportunidades. Muchos lograron construir una nueva vida en Estados Unidos, España, Chile, Argentina y Europa. Nadie puede negar el esfuerzo y sacrificio que significó emigrar. Sin embargo, existe un fenómeno cada vez más visible y polémico: peruanos que llevan años —o décadas— fuera del país y que aun así pretenden dar lecciones sobre la realidad nacional como si siguieran viviendo aquí.

El problema no es opinar. Todo peruano tiene derecho a hacerlo. El problema aparece cuando se habla del Perú desde una burbuja desconectada de lo que realmente vive la gente todos los días.

El Perú que recuerdan ya no existe

Muchos emigrantes conservan en la memoria el Perú que dejaron atrás. Un país congelado en el tiempo. Hablan de política, economía, inseguridad o transporte basándose en recuerdos antiguos, videos de redes sociales o titulares sensacionalistas. Pero el Perú cambia constantemente, para bien y para mal.

Quien no vive aquí difícilmente entiende lo que significa sobrevivir al caos del tráfico limeño, enfrentar la inseguridad diaria, pagar precios cada vez más altos o lidiar con un Estado que muchas veces parece ausente. Tampoco entiende cómo ha cambiado el mercado laboral, la informalidad o incluso la mentalidad de las nuevas generaciones.

Ver videos en YouTube o comentar desde Facebook no reemplaza vivir la realidad peruana.

La comodidad de opinar desde lejos

Existe también una contradicción evidente. Muchos de los que critican ferozmente al país no piensan regresar jamás. Hablan del Perú como si aún estuvieran atrapados aquí, mientras disfrutan de servicios públicos funcionales, seguridad y estabilidad en el extranjero.

Desde la distancia es fácil exigir “más conciencia social”, “más sacrificio” o “más patriotismo” a quienes sí enfrentan diariamente los problemas reales del país. Es fácil romantizar la pobreza o la informalidad cuando ya no se vive dentro de ella.

Algunos incluso idealizan situaciones que jamás aceptarían en el país donde viven actualmente.

Redes sociales: expertos instantáneos

Las redes sociales han amplificado este fenómeno. Hoy cualquiera con una cámara y algunos seguidores se convierte en “analista político”, “experto económico” o “voz del pueblo peruano”, aunque lleve 20 años sin pisar el país.

Muchos contenidos virales sobre el Perú están hechos precisamente por personas desconectadas de la realidad cotidiana. Simplifican problemas complejos y alimentan discursos extremos porque eso genera visitas y comentarios.

El resultado es una discusión pública cada vez más superficial y agresiva.

El Perú real no se entiende desde un aeropuerto

Visitar el país dos semanas al año tampoco convierte a alguien en conocedor absoluto de la realidad nacional. El Perú turístico y familiar que ve un visitante es muy distinto al Perú que vive quien trabaja, emprende o sobrevive aquí todos los días.

No es lo mismo venir a comer ceviche, visitar parientes y regresar al extranjero que levantarse a las 5 de la mañana para tomar transporte público o intentar mantener un negocio en medio de crisis constantes.

La experiencia del residente y la del visitante son completamente distintas.

Opinar sí, imponer no

Los peruanos en el extranjero siguen siendo parte del país y su voz también vale. Muchos ayudan a sus familias, envían dinero y mantienen vínculos reales con el Perú. Pero existe una gran diferencia entre aportar una opinión y hablar con soberbia sobre una realidad que ya no conocen de primera mano.

El Perú necesita menos discursos desde la distancia y más comprensión de quienes realmente enfrentan el día a día dentro del país.

Porque una cosa es recordar al Perú. Y otra muy distinta es vivirlo.

Redacción Leo Benavente Ibañez

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