La minería es, sin duda, una de las actividades más antiguas y emblemáticas del Perú. Desde tiempos precolombinos, el territorio andino ha sido sinónimo de riqueza mineral, y su historia está profundamente ligada al brillo del oro, la dureza del cobre y la pureza de la plata. La tradición minera no solo ha forjado la economía del país, sino también su identidad cultural y social.

Orígenes ancestrales: el legado preincaico e incaico
Mucho antes de la llegada de los conquistadores, las culturas preincas ya extraían y trabajaban metales preciosos. Los mochicas, nazcas y paracas desarrollaron técnicas de fundición y orfebrería que aún asombran por su perfección. El oro y la plata no eran considerados solo símbolos de riqueza material, sino también de poder espiritual y conexión divina.
Con la expansión del Imperio Inca, la minería alcanzó un nivel más organizado. Los incas explotaban minas de cobre, plata y oro en regiones como el Cuzco, Apurímac y Puno, utilizando el metal para elaborar ofrendas, adornos y objetos ceremoniales. El trabajo minero se realizaba dentro del sistema del ayllu y del mit’a, un tipo de trabajo comunal que luego sería aprovechado por los colonizadores.
La época colonial: el oro y la plata del imperio español
Con la conquista española en el siglo XVI, la minería se convirtió en el pilar de la economía virreinal. Potosí (hoy en Bolivia, pero parte del Virreinato del Perú) y Huancavelica fueron los centros mineros más importantes de Sudamérica. De sus minas salían toneladas de plata y mercurio que sostenían el poder económico del imperio español.
Durante esta etapa, la minería dejó un legado ambivalente: riqueza para la corona, pero también explotación para los pueblos originarios. El sistema de la mita minera impuso duros trabajos a los indígenas, generando profundas heridas sociales que aún marcan la memoria colectiva del país.

La república y la modernización del sector
Tras la independencia en 1821, el Perú mantuvo la minería como una de sus principales fuentes de ingreso. El auge del guano y luego del cobre marcaron distintas etapas de desarrollo. Durante el siglo XX, el país empezó a atraer inversión extranjera y a desarrollar infraestructura para modernizar su producción.
Empresas nacionales e internacionales impulsaron proyectos de gran escala, como las minas de Toquepala, Cerro Verde y Antamina. La minería pasó de ser artesanal a convertirse en una industria moderna, tecnificada y clave para la balanza comercial peruana.

La minería hoy: entre tradición, progreso y desafío social
En el siglo XXI, el Perú se posiciona como uno de los mayores productores de cobre, plata, oro y zinc del mundo. Sin embargo, el crecimiento del sector no ha estado exento de desafíos. Los conflictos sociales, el impacto ambiental y la distribución desigual de la riqueza minera siguen siendo temas pendientes en la agenda nacional.
1. Un pilar de la economía nacional
La minería en el Perú se confirma como uno de los motores económicos más sólidos del país:
- En 2024, las exportaciones mineras alcanzaron US$ 47 700 millones, lo que representa un incremento del ~11,5 % respecto al 2023.
- Del valor de ese monto, aproximadamente el 49 % provino del cobre y el 32 % del oro.
- Entre enero y mayo de 2025, el valor de exportaciones mineras fue de US$ 21 684 millones, un aumento del ~16,3 % respecto al mismo período de 2024.
- En marzo de 2025, el subsector minería y hidrocarburos creció 7,04 %, impulsado por la minería metálica (cobre +4,8 %, zinc +17,5 %, plata +19,6 %).
Estos datos muestran que la minería no es solo tradición histórica en el Perú, sino también actividad contemporánea decisiva que influye en exportaciones, ingreso de divisas y generación de empleo.
2. Inversión y expectativas: ¿hacia dónde va el sector?
El panorama de inversión también resulta relevante:
- Proyecciones más amplias señalan que entre 2026 y 2028 se espera que nuevos proyectos mineros desarrollen una inversión de US$ 6.88 miles de millones, donde el cobre representa el 73 % de ese monto.
- Un análisis del periodo reciente muestra que en junio de 2025 la producción de cobre aumentó 7,1 % respecto al mismo mes del año anterior; el zinc creció 12,5 %, el oro 10,4 %.
Estos indicadores permiten anticipar que el sector minero peruano seguirá siendo atractivo para capitales, en parte por su papel clave en la transición energética global (cobre, zinc, plata) y por la demanda de metales críticos.
3. Los retos persistentes: conflicto social, informalidad y sostenibilidad
No obstante los buenos números, la minería en el Perú enfrenta desafíos estructurales y sociales importantes:
- Las operaciones mantienen cierta vulnerabilidad por conflictos con comunidades locales. Por ejemplo, bloqueos de acceso a la mina Antapaccay (en la región del Cusco) por parte de comunidades indígenas que protestan contra su expansión.
- La minería informal e ilegal permanece como un foco de tensión. Organismos internacionales han señalado que la actividad ilegal en oro contamina ríos amazónicos y viola derechos de comunidades indígenas.
- Más de una mina estratégica del país está en riesgo por bloqueos o dificultades logísticas generadas por la informalidad.
- En algunos meses de 2025 el crecimiento del sector se moderó: por ejemplo, en julio de 2025 el sector minería-hidrocarburos creció solo 1,10 % respecto al mismo mes del año anterior.
Estos retos implican que para sostener el impulso minero se requieren mecanismos eficientes de diálogo con las comunidades, formalización de la pequeña minería, atención al medio ambiente y seguridad jurídica.
4. Implicancias para regiones y para el futuro
- Las regiones productoras (Apurímac, Arequipa, Cusco, Madre de Dios, La Libertad) enfrentan las dos caras de la minería: desarrollo económico pero también impacto social y ambiental.
- La demanda mundial de metales para energías limpias y tecnología (como el cobre para vehículos eléctricos) representa una ventana de oportunidad para el Perú. La inversión proyectada lo posiciona como actor clave en ese escenario.
- Sin embargo, la capacidad del país para transformar ese potencial en desarrollo sostenible dependerá de su capacidad para:
- Formalizar y regular la minería informal.
- Mejorar la gobernanza ambiental y social.
- Garantizar que las comunidades locales participen de los beneficios.
- Mantener competitividad frente a otros países productores.
5. Conclusión
Para un público amante de la historia, la tecnología, el futuro —y sí, del legado automotor y mecánico que también conecta con “minería” de ideas y tradición— la minería peruana ofrece un relato de potencia económica y gran tradición, pero también de desafíos reales.












