En el Perú, la política parece girar en círculos. Y una vez más, el nombre de Keiko Fujimori vuelve a instalarse en el centro del tablero electoral. Aunque durante años muchos analistas aseguraban que el “antifujimorismo” sería suficiente para cerrarle el paso, la realidad política peruana demuestra otra cosa: Keiko sigue siendo una de las figuras con mayor estructura, presencia territorial y capacidad de resistir el desgaste político.
Las encuestas y simulaciones electorales de las últimas semanas muestran una tendencia clara: Fujimori mantiene un núcleo duro de votantes que le puede garantizar ganar la presidencia. Estudios de Ipsos y diversos sondeos nacionales la colocan en primer lugar en intención de voto en un escenario extremadamente fragmentado.
Otro factor clave es la fragmentación de la izquierda y del llamado “voto antisistema”. Las divisiones internas, las pugnas de liderazgo y los discursos radicales generan temor en sectores urbanos y empresariales que ven en Keiko una opción menos riesgosa frente a propuestas consideradas extremas o improvisadas.
Además, existe un fenómeno silencioso que rara vez aparece con claridad en las encuestas: el voto oculto. Muchos ciudadanos prefieren no expresar públicamente su respaldo al fujimorismo por miedo al rechazo social o mediático, pero terminan votando por esa opción en la privacidad de la urna. Ese patrón ya se ha visto en anteriores procesos electorales y podría volver a repetirse.
La narrativa también ha cambiado. Antes el debate giraba únicamente alrededor del pasado de Alberto Fujimori. Hoy la discusión se centra más en seguridad, empleo, economía e incertidumbre política. Y allí Keiko Fujimori intenta proyectar una imagen de moderación y gobernabilidad, apuntando al electorado cansado del conflicto permanente.
Sin embargo, su principal obstáculo sigue siendo el alto nivel de rechazo que mantiene en un sector importante del país. La polarización continúa viva y cualquier error de campaña podría reactivar un antifujimorismo que históricamente ha sido determinante en segundas vueltas. La elección todavía no está definida.
Pero si la contienda termina siendo entre una candidatura percibida como radical y una opción asociada al orden económico y la estabilidad institucional, la tendencia podría inclinarse nuevamente a favor de Keiko Fujimori. Porque en tiempos de incertidumbre, el votante peruano suele optar por lo conocido antes que arriesgarse a lo impredecible.
Redacción Sobre Ruedas News












