La inseguridad ciudadana se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los peruanos. Robos, extorsiones, sicariato y asaltos ocurren cada vez con mayor frecuencia y, en muchos casos, los delincuentes utilizan motocicletas para movilizarse, escapar rápidamente o cometer ataques.
Ante esta realidad surge una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿debería el Estado eliminar o restringir el servicio de delivery en motocicleta para combatir la delincuencia?
La respuesta no es tan sencilla.
Las motocicletas efectivamente pueden convertirse en una herramienta para el crimen. Su facilidad para desplazarse entre el tráfico, ingresar a calles estrechas y escapar rápidamente las convierte en vehículos atractivos para organizaciones delictivas. Sin embargo, eso no significa que todos los motociclistas o repartidores sean parte del problema.
De hecho, el Estado ya ha optado por regular este sector. En 2025 se estableció un marco específico para el servicio de entrega rápida y un registro obligatorio de repartidores, precisamente con el objetivo de mejorar la seguridad y facilitar la identificación de quienes utilizan motocicletas para trabajar.
¿Prohibir el delivery solucionaría el problema?
Probablemente no.
Una prohibición total tendría un enorme impacto sobre miles de trabajadores que dependen de este servicio y sobre restaurantes, comercios, farmacias y consumidores que utilizan diariamente el delivery.
Además, existe un problema fundamental: la motocicleta no es la causa de la delincuencia; es una herramienta que puede ser utilizada tanto por trabajadores legales como por delincuentes.
Limitar su uso puede dificultar determinadas modalidades delictivas, pero no elimina las organizaciones criminales que están detrás de la extorsión, el sicariato o el robo.
La experiencia reciente en el Perú demuestra que las restricciones a las motocicletas han sido utilizadas como una medida de emergencia frente al incremento de la criminalidad. En Lima y Callao incluso se han establecido restricciones para la circulación de dos personas en una moto en determinados periodos.
Pero el debate debería ir mucho más allá.
El verdadero problema es identificar quién utiliza la moto
En lugar de eliminar el delivery, una alternativa mucho más efectiva podría ser hacer prácticamente imposible que una motocicleta utilizada para delinquir pase desapercibida.
Registro obligatorio de conductor y vehículo.
Placa visible y fácilmente identificable.
Código QR asociado al repartidor.
Verificación de antecedentes.
Geolocalización durante el servicio.
Identificación de la empresa o plataforma para la que trabaja.
Cámaras de reconocimiento de placas.
Controles policiales aleatorios y basados en inteligencia.
Y, sobre todo, una base de datos integrada que permita saber rápidamente quién conduce cada motocicleta.
Algunas municipalidades ya han avanzado en esa dirección. Miraflores, por ejemplo, informó en 2025 que había empadronado a más de 9.800 conductores de motos delivery mediante su plataforma «Conoce tu delivery», con códigos QR para facilitar su identificación durante los operativos.
El peligro de confundir control con prohibición
Existe una diferencia enorme entre regular una actividad y eliminarla.
Si mañana desaparecieran todas las motos delivery, los delincuentes podrían recurrir a automóviles, taxis, bicicletas, motocicletas no registradas o incluso vehículos robados.
La pregunta entonces no debería ser solamente cómo sacar las motos de las calles.
La pregunta correcta es:
¿Cómo conseguimos que una moto utilizada para delinquir pueda ser detectada, identificada y perseguida en tiempo real?
Ahí está probablemente una parte de la solución.
La tecnología puede ser más efectiva que la prohibición
El Perú podría crear un sistema nacional de identificación de motocicletas que conecte información de la Policía, municipalidades, MTC, empresas de delivery y sistemas de videovigilancia.
Una moto registrada debería poder ser identificada automáticamente por cámaras en avenidas y zonas críticas.
Si el vehículo está reportado como robado, si la placa no corresponde al vehículo o si el conductor no está autorizado para realizar delivery, debería generarse una alerta inmediata.
Y si una motocicleta aparece repetidamente en zonas donde se producen determinados delitos, esa información podría alimentar investigaciones policiales.
Esto permitiría pasar de una política basada en «prohibamos las motos» a otra basada en «detectemos las motos utilizadas por delincuentes».
¿Y si se restringe el delivery durante determinadas horas?
Esta podría ser una alternativa intermedia.
En zonas con altísimos niveles de criminalidad, el Estado podría establecer restricciones temporales y focalizadas, especialmente durante horarios considerados críticos.
Pero cualquier medida debería estar respaldada por datos y evaluarse periódicamente.
Porque prohibir por prohibir puede generar una falsa sensación de seguridad.
La propia discusión sobre las restricciones nocturnas a las motocicletas ha generado cuestionamientos: especialistas han advertido que limitar el vehículo utilizado por los delincuentes no necesariamente reduce por sí solo delitos como la extorsión.
La seguridad necesita inteligencia, no solamente restricciones
El Perú enfrenta un problema mucho más grande que el uso de motocicletas.
La criminalidad organizada necesita logística, armas, información, comunicaciones, dinero, vehículos, redes de extorsión y, muchas veces, corrupción.
Por eso, combatirla exige inteligencia policial, investigación criminal, fiscalías especializadas, tecnología, cámaras, control territorial y una coordinación real entre las instituciones.
Eliminar el delivery en moto podría dificultar algunas operaciones criminales, pero difícilmente acabará con la criminalidad.
La solución probablemente esté en otra dirección: regular, identificar, controlar y utilizar la tecnología para separar al trabajador del delincuente.
Porque una cosa es combatir las motos utilizadas por criminales.
Y otra muy diferente es castigar a miles de trabajadores por el delito de unos cuantos.
La pregunta no debería ser «¿eliminamos las motos delivery?»
Debería ser:
¿Por qué una moto utilizada para delinquir puede circular por nuestras calles sin que el Estado pueda identificarla?
Ahí podría estar una de las claves de la verdadera lucha contra la inseguridad en el Perú.
Redacción Leo Benavente Ibañez












