EL MAL MENOR O EL MAL CONOCIDO: LA TRAMPA DE LA POLARIZACIÓN

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En escenarios de alta polarización política, el ciudadano deja de elegir… y empieza a resignarse. La democracia, que debería ser un ejercicio de esperanza y construcción colectiva, se transforma en un campo minado donde la decisión no es quién representa mejor el futuro, sino quién representa el menor riesgo inmediato.

Ahí nace la peligrosa lógica del “mal menor”.

Se nos dice que hay que votar con la nariz tapada. Que no es momento de ideales, sino de evitar una catástrofe mayor. Que uno de los dos caminos llevará al desastre absoluto, mientras que el otro —aunque imperfecto, cuestionado o incluso corrupto— al menos ya es conocido. Predecible. “Manejable”.

Pero ese razonamiento tiene un costo.

Elegir el mal menor no es una victoria democrática, es una derrota disfrazada de pragmatismo. Es aceptar que el sistema ha fallado en ofrecer opciones genuinas. Es normalizar la mediocridad política como estándar. Y peor aún: es perpetuar el ciclo que nos trajo hasta aquí.

Porque cuando siempre elegimos entre lo malo y lo peor, nunca exigimos lo bueno.

La figura del “mal conocido” también juega su papel. Hay quienes prefieren apostar por lo ya visto, incluso si fue negativo, bajo la lógica de que “al menos sabemos cómo funciona”. Es el miedo al cambio, al salto al vacío, lo que termina consolidando liderazgos que nunca debieron repetirse.

Así, la polarización no solo divide: empobrece el debate, reduce las opciones y manipula emocionalmente al electorado.

El resultado es una ciudadanía atrapada entre dos extremos, donde disentir parece traición y cuestionar es alinearse con el enemigo. En ese clima, el voto deja de ser libre y se convierte en reactivo.

La verdadera salida no está en elegir entre dos males, sino en romper esa falsa dicotomía.

Exigir mejores candidatos, fortalecer instituciones, apostar por propuestas antes que por miedos. Eso implica más esfuerzo, más información y, sobre todo, más valentía cívica.

Porque mientras sigamos votando por el “mal menor”, el país seguirá atrapado en el mismo círculo vicioso.

Y en política, como en la vida, acostumbrarse a lo malo nunca termina bien.

Redacción Sobre Ruedas News

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