El furgón de cola de la izquierda que sigue a Sánchez

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En la política peruana hay personajes que lideran ideas y otros que simplemente se cuelgan del momento. Alrededor de Roberto Sánchez se ha comenzado a formar un extraño “furgón de cola” integrado por sectores de la izquierda radical, grupos oportunistas y personajes reciclados que buscan sobrevivir políticamente ante el desgaste de sus antiguos referentes.

Más que una propuesta sólida para el país, lo que hoy acompaña a Sánchez parece una alianza construida sobre el resentimiento político, el discurso confrontacional y la necesidad desesperada de mantenerse vigentes dentro del escenario nacional. Mientras el Perú enfrenta problemas urgentes como inseguridad, desempleo, informalidad y falta de crecimiento económico, estos sectores continúan atrapados en debates ideológicos que poco conectan con las verdaderas necesidades de la población.

El problema no es solamente Sánchez. El problema es todo lo que arrastra detrás. Viejos operadores políticos, activistas radicalizados y agrupaciones que durante años fracasaron en ofrecer soluciones reales ahora intentan reorganizarse bajo una nueva bandera, esperando engañar nuevamente al electorado con discursos de “cambio” que ya demostraron su incapacidad de gestión.

Muchos de estos grupos se presentan como defensores del pueblo, pero guardan silencio frente al deterioro económico, la fuga de inversiones y la pérdida de oportunidades para millones de peruanos. Prefieren alimentar la polarización antes que construir consensos. En lugar de promover estabilidad, apuestan por el conflicto permanente porque políticamente sobreviven del caos.

La izquierda peruana atraviesa una crisis de liderazgo evidente. Sin figuras fuertes ni proyectos modernos, algunos sectores ven en Sánchez una especie de vehículo temporal para mantenerse en escena. No se trata de convicción ideológica, sino de conveniencia política. Por eso el entorno que hoy lo rodea se asemeja más a un convoy improvisado que a una verdadera alternativa de gobierno.

El Perú necesita una discusión seria sobre desarrollo, inversión, educación y seguridad. Pero mientras ciertos sectores sigan utilizando el miedo, la confrontación y el victimismo como estrategia política, el país continuará atrapado en un círculo de enfrentamientos estériles que solo benefician a quienes viven permanentemente de la crisis.

Porque cuando una candidatura empieza a llenarse de pasajeros sin rumbo, el riesgo es evidente: el país termina avanzando sin dirección clara y con el peso de quienes nunca aprendieron de sus propios errores.

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