El éxito del vino naranja, una bebida de tendencia con 6.000 años de tradición

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El llamado ‘cuarto color’ está triunfando en los restaurantes de todo el mundo y, a pesar de cierto recelo, es un producto completamente natural y muy antiguo.

En los últimos años, en las mesas de los restaurantes más prestigiosos de Europa, Asia, Oceanía y Estados Unidos han aparecido botellas de vino naranja. El llamado cuarto color no tiene nada que ver con los cítricos, como el conocido vino Naranja del Condado de Huelva. Es un vino de uva en toda regla, que en la copa adquiere un color naranja muy intenso.

Sin duda, los vinos naranjas deben parte de su éxito al alto nivel de fotogenicidad, perfecto para las redes sociales. Una cualidad que, por ejemplo, ha favorecido el triunfo mundial del Aperol Sprizz. Sin embargo, contrariamente a lo que uno podría creer, no se trata de una ocurrencia estrafalaria, como en el caso del vino azul, ya que su producción se remonta a hace varios milenios y su elaboración no tiene nada de extraño.

Los vinos naranja son en realidad vinos blancos que se maceran siguiendo un proceso similar a los tintos

¿Cómo se hace el vino naranja?

Los vinos naranjas son en realidad vinos blancos que se maceran en los hollejos, siguiendo así un proceso similar al de los vinos tintos. De hecho, en la vinificación de las uvas blancas los hollejos no se dejan en contacto con el mosto durante la fase de fermentación, como ocurre en el caso de las uvas tintas. Este método hace que el vino adquiera un color naranja brillante, pero sobre todo un olor y sabor únicos, diferentes a todos los otros tipos de vino.
​Los hollejos de la uva contienen unas sustancias, los antocianos, que le aportan el color. Pero también es donde se encuentran los taninos, responsables de esa sensación de astringencia típica del vino. Por tanto, una maceración de los hollejos de uva blanca más larga produce un vino más estructurado, con un color más oscuro que el tradicional blanco pajizo. Y con una gama aromática que incluye notas herbáceas y de fruta madura. Muchos expertos describen el vino naranja como «un vino blanco que se disfraza de tinto». De hecho, en boca se parecen mucho a los vinos blancos, pero al mismo tiempo tienen la complejidad y el carácter típico de los tintos.

Son vinos sin filtrar, crudos, con olores y sabores muy naturales y una acidez bastante baja, frescos pero de gran longevidad e importantes estructuras. A menudo se le atribuye un toque de notas cítricas y tostadas. El gusto puede resultar desconcertante para quienes no están acostumbrados, pero si se supera el prejuicio inicial, pueden ofrecer gran satisfacción.

Vino fácil

Marida bien con varias comidas y es ideal para limpiar el sabor amargo de la grasa del pescado, por eso tiene mucho éxito en Japón.

En general, los vinos naranja son fáciles de beber y maridan bien con varias comidas. Se pueden combinar con éxito con pescado crudo o con la cocina brasileña, siendo ideales para quitar la grasa del pescado con su sabor amargo. Por eso tienen mucho éxito en Japón, pero incluso en Francia, cuna de la ortodoxia vinícola, los chefs los están introduciendo en sus restaurantes.

Las ventas de vino naranja aumentaron un 27% en el primer semestre de este año en comparación con 2019 y 2018, según Nielsen. Hoy en día, hay cien veces más vinos naranjas en el mercado que hace 10 o 15 años, y han fascinado especialmente a los jóvenes, que buscan una alternativa a los vinos tradicionales. Algunas botellas pueden llegar a ser muy caras.

La denominación de ‘vinos naranja’ es sobre todo una exitosa operación de marketing, inventada por un importador inglés en 2004 para describir lo que parecía ser una novedad. Hoy, sin embargo, sabemos que esta técnica de elaboración viene de una tradición milenaria, y nos permite obtener algunos de los vinos más finos e interesantes de la actualidad.

La denominación de ‘vinos naranja’ es sobre todo una exitosa operación de marketing, inventada por un importador inglés en 2004 para describir lo que parecía ser una novedad.

Por tanto, sería más correcto llamarlos vinos de maceración o vinos brisados. Todos los vinos blancos del pasado se elaboraban con maceración de los hollejos, un proceso que a veces duraba solo unas pocas horas, pero que era necesario para iniciar la fermentación, ya que no existían las levaduras seleccionadas. Y era una práctica utilizada para obtener vinos más estructurados.

Varias hipótesis sugieren que los que hoy llamamos vinos naranjas se encuentran probablemente entre los primeros vinos que se hayan elaborado. De hecho, ya se producían y consumían hace seis mil años, especialmente en la región del Cáucaso. Concretamente en la actual Georgia. Tradicionalmente, estos vinos se envejecían en vasijas de barro, o qvevri, enterrados y retirados después de la curación de las uvas. Algunos productores han conservado estos antiguos métodos y todavía los utilizan, mientras que otros crían sus uvas en acero inoxidable, roble u hormigón.

Nuevas variedades

No todos los vinos naranjas son naturales ni todos los vinos naturales son naranjas

En algunos casos, además, la moda hace que esta técnica de la maceración se utilice también en cepas poco predispuestas y por periodos demasiado prolongados, algo que oculta las características aromáticas y organolépticas conferidas por la vid y el suelo.

Por último, cabe destacar que los vinos brisados no siempre son de color naranja, pudiendo variar desde el amarillo dorado, el salmón, el albaricoque tostado, y hasta el marrón claro, típico de ciertos vinos de pasas. Por tanto, definir a todos los vinos brisados como naranja puede ser limitante. Si bien es cierto que utilizamos los colores para definir a los otros vinos, ya sean tintos o blancos, en estos casos nos referimos principalmente al color de la uva.

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