El debate técnico organizado por el Jurado Nacional de Elecciones entre los equipos de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez dejó algo claro: la campaña entró finalmente en la etapa donde ya no basta el discurso emocional ni los slogans ideológicos. Ahora la discusión gira alrededor de quién tiene un plan más viable para gobernar un país cansado de improvisación, inseguridad y crisis política permanente.
Durante el encuentro técnico se discutieron temas sensibles como reforma del Estado, economía, agricultura, juventud y seguridad. Y aunque ambos equipos intentaron transmitir solvencia, el contraste fue evidente.
El equipo de Fuerza Popular apostó por un discurso más estructurado, con énfasis en estabilidad económica, inversión privada y recuperación del orden institucional. Sus representantes buscaron proyectar experiencia de gestión y conocimiento técnico. En varios momentos lograron conectar mejor las propuestas con cifras y mecanismos concretos de ejecución.
Por el lado de Juntos por el Perú, el equipo de Roberto Sánchez intentó posicionarse como la alternativa “social” frente al modelo económico tradicional. Sin embargo, en algunos bloques sus respuestas dejaron dudas sobre financiamiento, viabilidad y claridad política. El mensaje estuvo más cargado de intención ideológica que de precisión técnica.
Eso no significa que uno haya arrasado al otro. El debate no produjo un “nocaut” político. Pero sí mostró diferencias importantes en preparación y capacidad de transmitir confianza.
La realidad es que en una segunda vuelta los debates no siempre cambian votos masivamente; muchas veces consolidan percepciones previas. Y en este caso, el debate técnico pareció reforzar una idea que ya venía creciendo en parte del electorado: que el equipo de Fujimori luce más preparado para administrar el aparato del Estado, mientras que el entorno de Sánchez todavía genera incertidumbre en sectores moderados y empresariales.
Uno de los puntos más interesantes fue observar cómo ambos candidatos intentan ampliar su base electoral. Roberto Sánchez ha tratado de moderar algunas posiciones radicales para tranquilizar al mercado y atraer al votante de centro. Mientras tanto, Keiko Fujimori intenta mostrarse menos confrontacional y más enfocada en gobernabilidad y seguridad.
Entonces, ¿quién ganó el debate?
Si el criterio es claridad técnica, estructura argumentativa y sensación de gobernabilidad, el equipo de Fuerza Popular salió ligeramente mejor parado. No porque haya presentado soluciones perfectas, sino porque logró transmitir mayor consistencia y experiencia frente a temas complejos.
Si el criterio es conexión emocional con sectores descontentos o críticas al modelo político tradicional, el equipo de Roberto Sánchez mantuvo una narrativa que todavía tiene fuerza en regiones golpeadas por pobreza y abandono estatal.
Pero políticamente, el debate dejó una conclusión importante: la elección ya no parece una disputa entre izquierda y derecha únicamente. Se está convirtiendo en una elección entre incertidumbre y estabilidad percibida.
Y en contextos de miedo económico, inseguridad y fatiga política, la estabilidad suele pesar más que la retórica.
El verdadero ganador del debate quizá no fue un candidato, sino el elector peruano, que por fin pudo escuchar algo más cercano a propuestas concretas y menos espectáculo político. Aunque, como siempre en el Perú, el gran desafío no será debatir bien… sino gobernar bien después de ganar.
Redacción Leo Benavente Ibañez












