En el Perú existen personajes públicos que han construido toda una carrera alrededor de la crítica permanente. Uno de ellos es César Hildebrandt, figura histórica del periodismo nacional, conocido por su estilo duro, confrontacional y profundamente pesimista sobre el destino del país. Sin embargo, hoy muchos peruanos comienzan a preguntarse si ese discurso constante de demolición realmente ayuda al Perú o simplemente alimenta el desencanto colectivo.
Criticar al poder es necesario en democracia. Nadie discute eso. Pero existe una diferencia enorme entre fiscalizar y transmitir la idea de que el Perú no tiene salida, que todo está condenado al fracaso y que cualquier intento de crecimiento o estabilidad merece ser atacado. Cuando un comunicador convierte el pesimismo en línea editorial permanente, termina afectando especialmente a las nuevas generaciones que buscan creer en un futuro mejor.
Resulta contradictorio escuchar a ciertos líderes de opinión hablar del país como si nada valiera la pena, mientras disfrutan de estabilidad personal, reconocimiento profesional y una vida construida gracias justamente a las oportunidades que el Perú les permitió tener. Muchos ciudadanos sienten que personajes como Hildebrandt ya no hablan pensando en el futuro nacional, sino desde una posición cómoda, distante de la realidad de millones de peruanos que sí necesitan esperanza, inversión, empleo y crecimiento económico.
El problema no es la crítica. El problema es el desprecio constante hacia cualquier señal de avance. Cuando se ridiculiza al emprendedor, al sector privado, a quienes generan empleo o incluso al ciudadano que quiere orden y estabilidad, se termina fortaleciendo una cultura del resentimiento y la frustración permanente.
El Perú necesita periodistas independientes, sí, pero también necesita voces responsables que comprendan que un país no puede construirse únicamente desde la indignación. Las sociedades avanzan cuando existe crítica, pero también propuestas, visión de futuro y confianza en la capacidad de salir adelante.
Hoy más que nunca, el Perú necesita recuperar la fe en sí mismo. Porque ningún país progresa cuando sus propios referentes públicos parecen haber perdido toda esperanza en él.
Redacción Sobre Ruedas News












