Aprendo en casa: ¿Existe un español “correcto”?, por Martín Boggio

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Por: Martín Boggio

Traductor, corrector y estudiante de Ciencia Política en la UNMSM.

La discriminación lingüística existe en el Perú y esa es una verdad innegable. Ejemplos de ello lo podemos ver en aquella mujer que mientras discute con unos fiscalizadores les dice: “Háblame en castellano. Saca el mote”. O más sorprendente aún en profesionales que trabajan con la lengua, como en la infame nota periodística del diario Correo burlándose del español de la excongresista Hilaria Supa, cuya lengua materna es el quechua. Ni mencionar la penosa defensa que hizo de la nota la lingüista Martha Hildebrandt. Y estoy seguro de que cada uno de ustedes, lectores, podrá recordar un caso similar.

Por eso, considero muy acertado que en uno de los programas de Aprendo en casa (emitido el 05 de mayo) se haya dedicado a las variedades dialectales del español que existen en nuestro país con el fin de fomentar su apreciación y respeto. Además, hubo una sección que abordaba la discriminación lingüística y explicaba las razones extralinguísticas por las cuales muchas personas creen que existe una variedad superior. El video explicaba que los grupos que tienen el poder económico y político imponen su cultura, que incluye la lengua, a los grupos dominados. Esto último generó algunas reacciones en contra, las cuales acusaban al Ministerio de Educación de “generar divisiones”o “tergiversar la verdad para crear resentidos sociales”.

Más allá de los temas que algunos prefieran no mencionar, lo que se afirma en la clase de Aprendo en casa es verdadero y aceptado por los lingüistas. Además, es comprobable con una sencilla revisión de nuestra historia. Al llegar los españoles a América y establecerse como grupo dominante, impusieron el español y relegaron a las lenguas americanas, como el quechua o el aimara. Y este hecho no cambió después de la Independencia. Aquellos que han poseído el poder político o económico, de manera directa o indirecta, siempre hablaron español[1]. Como muestra, el español fue la única lengua oficial del país hasta 1975, año en que se le reconoció al quechua tal distinción.

Ahora bien, con el pasar de los siglos, el español, como toda lengua viva, empezó a sufrir cambios que dieron lugar a variedades propias de cada región, llamadas dialectos, con frecuencia por el contacto con las lenguas americanas. Así, se formó el español de Lima, el español de Ayacucho o el español de la selva. Cada dialecto desarrolló sus propias características fonéticas, léxicas y gramaticales, que no suponen un error pero su vigencia está geográficamente delimitada.

Por el mismo fenómeno de imposición de los grupos dominantes, el español de Lima se estableció como la variante estándar para todo el país. Representó prestigio y educación y, por lo tanto, la forma “correcta” de hablar español. El resto de variedades pasaron a segundo plano. Este es el inicio de su estigmatización. De allí que por mucho tiempo en las escuelas de todo el país se enseñara el español limeño, Inés Pozzi-Escot tiene un artículo al respecto titulado El castellano en el Perú: Norma culta nacional versus norma culta regional.

Aquí es necesario hacer una precisión. Seguro muchos se preguntarán cómo es posible que se enseñara el español limeño si la RAE establece las reglas del español. En primer lugar, eso no es cierto. Aunque inicialmente los libros de gramática se presentaban como la “única norma correcta para la enseñanza”, este ideal varió a finales del siglo XIX para incorporar las formas cultas socialmente aceptadas en determinados ámbitos geográfico (por eso, es igual de aceptado el uso de ustedes y de vosotros).

En la actualidad, todas las escuelas lingüísticas concuerdan en que existe una diversidad de usos lingüísticos determinados por las variantes regionales y sociales. Como dicen Cervera, Hernández, Pichardo y Sánchez[2]: “El idioma español es uno, pero presenta varias normas de cultura, todas ellas válidas y comúnmente aceptadas por la comunidad de hablantes del español. No se puede asignar a una zona geográfica […] el buen uso del idioma”. Por eso, creer que las formas no estándar son corrupciones o deformaciones no tienen fundamento en la lingüística y solo se basan, para utilizar los términos de Cerrón-Palomino, en “criterios valorativos-emocionales”[3].

No dudamos de la importancia de enseñar las normas de una lengua estándar, ya que esta difumina las diferencias comunicativas y permite una comunicación sin interferencias en contextos donde ello es esencial, como la ciencia, los medios de comunicación, los hospitales, entre otros. Sin embargo, también es fundamental que en la escuela se reconozca como aceptados y se le dé valor al resto de variedades del español resaltando su uso en los contextos sociales y geográficos adecuados.

Esta discusión puede llevarse más allá de los límites del español y abordar la necesidad de una relación de respeto e igualdad con el resto de lenguas originarias. Aquí tiene mucho que ver la educación intercultural bilingüe que impulsa el Estado. Con este enfoque se busca reconocer los derechos lingüísticos de los hablantes de lenguas originarias a recibir educación en su propio idioma. El objetivo es revalorar las culturas originarias en un ambiente sin discriminación ni prejuicios.

La interculturalidad en la educación es un tema que se puede tratar con amplitud en un artículo aparte. Por ahora, quedémonos en que el español es de cada uno de sus hablantes, independientemente de su educación, profesión o ubicación geográfica. Por lo tanto, los gramáticos no hacen la lengua, solo la describen.

Notas:

[1] Cotler, J. (1968) Política y sociedad en el Perú. Cambios y continuidades. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

[2] Cervera, A; Hernández, G; Pichardo, G; y Sánchez, J. (2007) Saber escribir. Buenos Aires: Editorial Aguilar.

[3] Cerrón, R. (1975) “Enseñanza del Castellano: deslindes y perspectivas”En:El reto del multilingüismo en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

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