En medio de una campaña electoral cada vez más polarizada, una declaración ha encendido las alarmas dentro y fuera del Perú: la idea de “recuperar Arica y Tarapacá”. No es una frase aislada ni un exabrupto menor. Es una señal peligrosa.
El protagonista: Antauro Humala, quien ha afirmado abiertamente que aspira a recuperar estos territorios “por la vía diplomática o armada”.
Y el contexto es aún más inquietante: su alianza política con Roberto Sánchez, a quien incluso se le ha vinculado con la posibilidad de nombrarlo ministro de Defensa en un eventual gobierno.
UNA IDEA ANCLADA EN EL PASADO
Hablar de Arica y Tarapacá es abrir una herida histórica: la Guerra del Pacífico. Pero también es ignorar más de un siglo de tratados internacionales, incluyendo el Tratado de Ancón (1883) y el de Lima (1929), que definieron definitivamente las fronteras.
Plantear su “recuperación” no es solo inviable: es una provocación diplomática que pone en riesgo la estabilidad regional.
Porque hay algo que no se puede disfrazar: esto no es patriotismo… es populismo inflamable.
EL DOBLE DISCURSO
Mientras Antauro Humala lanza mensajes confrontacionales, Roberto Sánchez ha intentado tomar distancia, señalando que su eventual gobierno buscaría mantener relaciones de paz con Chile.
Entonces surge la pregunta incómoda:
¿Quién dice la verdad?
¿El candidato moderado o el aliado radical?
Porque en política, las alianzas no son decorativas. Son compromisos.
RIESGO REAL: JUGAR CON FUEGO
Las reacciones en Chile han sido inmediatas y transversales: rechazo, preocupación y advertencias.
Y no es para menos.
Hablar de “vía armada” en el siglo XXI no es retórica inocente. Es cruzar una línea roja.
Es coquetear con un escenario que el Perú no necesita: aislamiento internacional, crisis económica y tensión militar.
¿PATRIOTISMO O CORTINA DE HUMO?
El Perú enfrenta problemas urgentes: inseguridad, pobreza, informalidad, crisis institucional. Pero en lugar de soluciones concretas, algunos sectores prefieren revivir conflictos del siglo XIX.
Porque es más fácil gritar “recuperemos territorios” que resolver los problemas del presente.
EN CONCLUSIÓN: EL PELIGRO DE LAS IDEAS IMPOSIBLES
La propuesta de recuperar Arica y Tarapacá no es un plan. Es una fantasía peligrosa. Y cuando las fantasías entran al poder, la historia demuestra que el costo lo paga el país entero.
El Perú no necesita discursos incendiarios. Necesita liderazgo responsable.
Porque jugar a la guerra… nunca termina bien.
Redacción Sobre Ruedas News












