Patinetes eléctricos: la solución de movilidad para la urbe tras el coronavirus

0
263
scooter

A pesar de que, desde hace más de un mes, nuestras vidas han cambiado por completo, asumiendo con rigor y responsabilidad un confinamiento que está evitando la propagación de la COVID-19, sigue sin resultar nada sencillo comprender cómo se verán afectados en el largo plazo nuestros hábitos y costumbres, nuestras relaciones sociales, cómo nos comportamos, y cómo nos movemos, en definitiva, cómo será nuestra vida en una etapa de normalización en la que debemos asumir que, inexorablemente, la única certeza que tenemos es que nuestra vida no será como antes, ni alcanzaremos lo que hasta hace poco entendíamos por normalidad.

La movilidad en la urbe tras el coronavirus

Se aconseja acudir al trabajo andando, en bicicleta, o en vehículo privado.

Se calcula que para mantener la distancia de seguridad, el transporte público tendrá que reducir el aforo, pudiendo alojar únicamente a un 28% de los pasajeros.

Publicidad de un establecimiento ciclista de Virginia que promocionaba el uso de la bicicleta en 1918, durante el azote de la mal llamada «Gripe Española».

El transporte público afronta fundamentalmente dos problemas, el psicológico, el de la ciudadanía que tendrá que asumir viajar en espacios cerrados, compartidos con decenas de viajeros, y el puramente técnico, el de facilitar un transporte seguro, por ejemplo, a los 677,4 millones de viajeros (cifras de 2019) que utilizan cada año los servicios del transporte del Metro de Madrid.

Allá por 1918, la bicicleta no solo fue promocionada, aprovechando el temor generado en la población, por establecimientos como el que se promocionaba en el cartel que vemos más arriba. Muchos trabajadores hallaron en la bicicleta un medio de transporte seguro que, por su naturaleza, facilita el distanciamiento social.

Un siglo después, deberíamos ir asumiendo cómo se transformarán algunos de nuestros hábitos cotidianos, en este caso, los viajes diarios, al trabajo, a nuestro centro de estudios, etcétera. E indudablemente solo queda esperar un repunte, que aún no sabemos cómo puede afectar a compromisos adquiridos como el mantenimiento de la calidad del aire, y la mitigación del calentamiento global, del automóvil privado, motocicletas y ciclomotores, bicicletas y, por qué no, patinetes eléctricos.

Es evidente que la bicicleta y, sobre todo, los patinetes eléctricos que tanta controversia han generado en los últimos años, pueden ser la solución de movilidad que se imponga en los próximos meses. Ciudades como Barcelona y Madrid ya están reabriendo su servicio público de bicicletas compartidas y por sus posibilidades, costes, y tamaño compacto, los patinetes eléctricos pueden ser los siguientes en vivir un nuevo auge, tal vez no tanto relacionado con el alquiler de patinetes que tanto descontento social ha generado, sino con el uso de patinetes eléctricos privados para acudir al trabajo.

Las ventajas de un patinete eléctrico son evidentes. Por bajo costo (el más vendido, el patinete de Xiaomi, se vende actualmente en Amazon por 369 euros) podemos acceder a un medio de transporte rápido y económico, para ir y volver al trabajo a 8 kilómetros de distancia con una carga completa, con la posibilidad de plegarlo, transportarlo en una mano, llevárnoslo a casa, y aparcarlo, literalmente, en cualquier sitio.

Tras el éxito de productos de entretenimiento doméstico o aquellos para ejercitarnos físicamente en casa, los siguientes en arrasar en los establecimientos podrían ser los vehículos de movilidad personal y, más concretamente, los patinetes eléctricos, que son los que se han impuesto en los últimos años.

Ahora bien, ¿necesitaremos desplazarnos a diario, tanto como hasta ahora?

Aquí se abre otra cuestión no menos importante, la de asumir que tras la crisis sanitaria y social generada por la pandemia tendremos las mismas necesidades de movilidad, de desplazarnos a nuestro centro de estudios y trabajo. Y esto, sin duda, es de nuevo un análisis errado y dominado por la incertidumbre que nos lleva a hacernos dos preguntas. ¿Cuántos trabajos se perderán en esta crisis? ¿Cuántos empleos evolucionarán hacia el teletrabajo y harán que la situación transitoria que están viviendo estos días, trabajando desde casa, se alargue indefinida y, tal vez, definitivamente?

De nuevo, y para concluir, el único análisis certero que podemos hacer estos días es el de constatar que esta crisis sanitaria ha transformado nuestras vidas, nuestros hábitos, y que la vuelta a la situación anterior, a la normalidad, aún estará lejos. Es más, probablemente jamás regresemos a la situación anterior y a lo que entendíamos por normalidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here