El colorido Porsche 928 del artista Okuda San Miguel

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Los autos elevados a la categoría de obras de arte son comunes en la historia de Porsche. Creadores de distintas épocas y muy diversas escuelas han utilizado los deportivos de Stuttgart como base para sus particulares visiones. En unos casos, reinterpretan el color e incluso la forma de los vehículos; en otros, les sirven como inspiración para diferentes formas de plasmar sus ideas: desde el ámbito digital de los tokens no fungibles hasta grandiosas instalaciones.

Artistas internacionales como Daniel Arsham, Hanna, Biggibilla, Erwin Wurm o Vexx han trabajado ya en art cars para Porsche. España no es ajena a esta forma de arte, visible en pintores e ilustradores de categoría internacional como José María de Huarte o Manu Campa. A este selecto grupo se une ahora Okuda San Miguel, que acaba de plasmar su personal e inconfundible estética en un Porsche 928. El punto de partida es sin duda acertado, pues la línea rompedora y vanguardista del 928 fue un acontecimiento en su momento y parece insensible al paso del tiempo.

Óscar San Miguel Erice, conocido como Okuda, ha creado un lenguaje iconográfico muy personal, fuertemente arraigado en el arte urbano y catalogado como surrealismo pop. Utiliza formas geométricas con un patrón multicolor, de tal manera que puede crear una sensación de profundidad e incluso la presencia de estructuras orgánicas a partir de trazos rectos. En cierto modo, su construcción de realidades en tres dimensiones a base de triángulos planos recuerda al procesamiento digital de las formas, característico del cálculo por computador.

Su particular lenguaje artístico lo podemos encontrar en obras de estudio como pinturas, esculturas, tapices e instalaciones, o en grandes formatos en el espacio público en forma de esculturas y murales en más de 80 ciudades de todo el mundo, además de en entornos digitales con propuestas NFT o en mundos virtuales.

El trabajo de Okuda sobre el 928 fue minucioso y detallado. Además de plasmar sus ideas en el exterior de la carrocería, con su equipo desmontó el interior para dar a cada superficie el tratamiento que buscaba y conseguir que al entrar en el auto te sientas parte de una obra de arte. Si por fuera resulta impresionante y extrañamente cautivador, por dentro ha construido una singular atmósfera de formas y colores única en el territorio de los art cars.

Esta sensibilidad por el color en el plano artístico es un reflejo de la que caracteriza a Porsche en el ámbito industrial. A lo largo de la historia, Porsche ha creado tonos y matices que han llegado a estar tan íntimamente asociados a la marca como la silueta flyline o el sonido del motor bóxer. Como reflejo de esa importancia que se le da al color, Porsche cuenta con los programas Paint to Sample y Paint to Sample Plus para satisfacer los deseos de sus clientes. A través de dichos programas se puede rescatar igual una pintura clásica descatalogada de la década de 1970, que plasmar en la carrocería de un modelo una tonalidad única realizada junto al futuro propietario del vehículo.

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