¿Por qué las marcas alemanas abandonan la Fórmula E?

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Cuando la Fórmula E atrajo a la mayor parte de fabricantes, muchos se sorprendieron, no acababan de entender las razones por las cuales descartaban Le Mans o la F1 por la que, todavía, consideraban una subcategoría, por más que en 2021 haya recibido el título de Campeonato del Mundo.  

Poco a poco fueron comprendiendo que el imparable camino, al menos en Europa, a la electrificación total y el hecho de correr en plena ciudad transformaba la categoría en una interesante herramienta de marketing y de investigación tecnológica de cara al futuro.

Los mismos -al menos parte de ellos- que se sorprendieron de la llegada en masa de las marcas, se han sorprendido ahora de la decisión de BMW y Audi de abandonar el campeonato ya la próxima temporada y de Mercedes de hacerlo el tras ella… movimiento que podría ser imitado por Porsche.

Es más, sorprendía la declaración de BMW en el sentido de que se iban porque ya habían aprendido lo que podían aprender.

La verdad es que esa afirmación tajante, contundente, de BMW me sorprendió… no acababa de entenderla hasta que Honda y Ferrari han presentado las últimas evoluciones de sus unidades de potencia, montadas en Red Bull -al menos para Verstappen- los primeros, y en el coche de Charles Leclerc –por el momento– en cuanto a los rojos.

Hay que entender dos temas clave para ello. El primero, los motores eléctricos tienen un rendimiento de entre el 90 y 95%, poco se puede avanzar ya, y la batalla tecnológica ahora no es la de mejorar las prestaciones sino de sustituir al máximo algunos de sus elementos clave por otros metales y compuestos más económicos, mejor repartidos geográficamente de forma que sea más sencillo esquivar los intereses geopolíticos o la inestabilidad política de los países productores –China, Congo, Bolivia, Rusia, etc.– de estos metales escasos, aunque sea a costa de perder algo de rendimiento. La crisis de los ‘chips’ ha puesto en evidencia la fragilidad de la industria del automóvil de depender de proveedores casi únicos.

Y la segunda batalla es mejorar la densidad energética de las baterías, disminuir su volumen y su peso, aumentando la cantidad de energía almacena y la velocidad de recarga. Todo ello junto al estudio de nuevos materiales que, como en el caso de los motores eléctricos, supongan una disminución de precio y seguridad en el suministro. 

Éste es el aspecto más interesante e importante, la asignatura pendiente de las marcas que apuestan por la electrificación. Algo que la Fórmula E no puede ofrecer porque las baterías son estándar para todos, en la actualidad suministradas por McLaren, y que serán Williams a partir la temporada 2022-2023.

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