Frank Williams, cómo un mecánico-piloto llegó a construir uno de los mejores equipos de F1

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Frank Williams, Sir Frank Williams, nos ha dejado, pero siempre nos quedará un recuerdo, el de su equipo, uno de los meores de la historia y que, aunque en otras manos, sigue su singladura en la F1.

Frank era para mí uno de los últimos mohicanos de la F1. Uno de los ‘culpables’ de que la F1 sea lo que es hoy. Fueron Bernie Ecclestone, Max Mosley, Ron Dennis y Frank quienes sentaron las bases del poder de los equipos, de la FOCA, quienes plantaron cara a la FIA –carreras pirata mediante– y a la postre, consiguiendo convencer a Enzo Ferrari, los que ‘fabricaron’ la estructura actual.

Para mí, Frank es alguien entrañable. Lo conocí en Barcelona, cuando el RACC comenzó a organizar en Montjuic los GP de Barcelona de F3 y F2 antes de conseguir recuperar la F1.

Williams comenzó como piloto pero rápidamente se dio cuenta de que el negocio de las carreras podía no ser el correr sino el gestionar. Montó un equipo de F3 y después de F2. Por entonces ambas disciplinas no tenían campeonato, sino un abarrotado calendario transhumante para Europa, con muchos pilotos habituales, pero también pilotos esporádicos, a menudo locales, que alquilaban un coche para tal o cual carrera.

Quizás Frank no hubiera entrado nunca en F1 de no ser por Piers Courage, uno de los herederos de la gran familia cervecera británica, que compró un Brabham de F1 y pidió a Frank que gestionara el coche. Ambos se conocían bien porque Piers había corrido con él en las categorías inferiores. Me acuerdo muy bien de aquel coche, con su elegante color azul oscuro, el original de Williams, en 1969.

Sus primeros pasos por F1 no fueron fáciles. La leyenda –que no es tal– dice que en más de una ocasión debía recurrir a los neumáticos que desechaba Ferrari o a pedir prestado dinero para que el camión del equipo repostara gasoil y pudiera regresar a Gran Bretaña.

Para proseguir, intentó alianzas con diversos constructores: De Tomaso –al volante del cual fallecería Piers Courage–, el fabricante de juguetes Polytois con un March modificado o el fabricante de coches de lujo Iso Rivolta. Finalmente, en 1975, con el chasis Iso rebautizado como Williams, año de penurias que le llevó a vender a final de temporada parte del equipo a Walter Wolff. Wolff acabó haciéndose con todo el equipo y lo bautizó con su nombre Wolff cara a 1977, debutando con victoria de Jody Scheckter.

La historia podría haber finalizado aquí, sin pena ni gloria, casi desapercibida por no decir anecdótica, si no fuera por la terquedad del individuo. Una terquedad que, años más tarde, le permitió superar su gravísimo accidente –yendo a unos test en Paul Ricard, volcó– que le dejó tetrapléjico.

Aquello, la venta a Wolff, fue el final de Frank Williams Car, pero a su vez el inicio de Frank Williams Engineering. Frank encontró dinero, unos locales en Didcot y un piloto belga con patrocinio, Patrick Neve, a quien hizo correr con un March 761.

Fue un impasse hasta presentar su propio chasis, el Williams FW06, el inicio de su larga colaboración con Patrick Head como director técnico, con el que hizo correr a Alan Jones y obtuvo unos resultados prometedores. Resultados que mejoraron al año siguiente con Alan y Clay Regazzoni, obteniendo sus primeras victorias y acabando subcampeón del mundo de constructores.

Ello le llevó a convencer a Mansour Ojjeh y a uno de los príncipes herederos saudís a que apoyaran al equipo –hasta la familia Bin Laden colaboró– y llegó a Campeón del Mundo.

El equipo tiene un palmarés envidiable: 46 temporadas en F1, 781 grandes premios, 114 victorias, 9 títulos de constructores –todos en los 80 y 90– y 7 de pìlotos (Jones, Rosberg, Piquet, Mansell, Prost, Damon Hill, Jacques Villeneuve).

Es curioso la relación entre Ron Dennis y Jack. Dennis ‘arrancó’ a Mansour Ojjeh de Williams para conseguir que este financiara el port TAG-Porsche y se convirtiera en su socio en McLaren. Le arrebató el motor Honda en la época gloriosa de Prost y Senna en Woking. También a Adrian Newey, que se forjó en Williams tras unos inicios en Indy, Lola y March.

Frank siempre tuvo muy claras algunas cosas del mundo de las carreras y desde el puente de mando del equipo –viajaba habitualmente a los GP aunque debía desplazarse en silla de ruedas, pero eso no era obstáculo para él–.  La primera, que si vas con cuidado y pones freno, puede que ganes pero económicamente sea un desastre. Por eso siempre sostuvo que «la mejor cualidad de Patrick Head es que se ciñe al presupuesto». Bueno, cuando la dijo, Head ya era copropietario del equipo y también tenía interés en no sobrepasarse.

Y la otra, que quien gana es el equipo y los conductores juegan un rol importante, clave pero secundario. «Me importa un pepino cuál de mis dos empleados gana las carreras, mientras las gane».

Y sobre todo «un piloto debe querer correr con Williams porque le damos un coche ganador, no por dinero». Por eso muchos de sus campeones le abandonaron con el título en el bolsillo: simplemente Frank se negó a pagarles lo que ellos creían que merecían por ser campeones. Sólo una vez pagó lo que el piloto le pedía: fue en 1994 cuando fichó a Ayrton Senna… a petición/exigencia de Honda. Precisamente el accidente mortal de Senna en Imola y la inculpación por parte de las autoridades italianas de staff del equipo fue uno de los más duros golpes para Frank.

En aquellos tiempos, los motores eran determinantes. Frank no siempre los tuvo. Pero en el paddock nació una leyenda: «Si Frank consigue un buen motor, los Williams son ganadores».

A partir de 2004, el equipo comenzó un largo periodo de baches. Los costos de la F1 no hacían más que aumentar y los ingresos no lo hacían lo suficiente. Perecieron remontar en 2014-2015 cuando consiguieron acabar terceros en el campeonato, para entrar de nuevo en una era de apuros financieros. Lance Stroll quiso comprar el equipo, pero la familia se negó a vender. Después el padre de Nicholas Latifi quiso hacerlo y el de Nikita Mazepin dicen que lo intentó. Sólo a final del pasado año la familia decidió vender: la salud de Frank se deterioraba, Claire Williams no conseguía reconducir el equipo y a finales del pasado año la familia decidió venderlo a Dorilton Capital y poner al frente del equipo a Jost Capito.

Se ha ido uno de los grandes de la F1… aunque no llegara a disputar ningún Gran Premio como piloto.

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