El expiloto de F1 Érik Comas restaura el Nissan R390 GT1 para Le Mans

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Érik Comas fue piloto de Fórmula 1 a principios de la década de los años 90. Probablemente muchos le recordarán por ser el piloto al que Ayrton Senna le salvó la vida en Spa en 1992 o por volver a la pista cuando Dirección de Carrera había sacado la bandera roja por el accidente por el que Senna murió. Ahora lo que le ocupa es restaurar el Nissan R390 GT1 de 1998 para correr con él en Le Mans.

Comas se proclamó campeón de la Formula 3000 en 1990 con DAMS y dio el salto a la Fórmula 1 en 1991 con Ligier, equipo con el que corrió dos temporadas antes de fichar por Larrousse para competir dos años más. Tras la F1, probó suerte en Super GT, en 1996 terminó el Campeonato en tercera posición y en 1997 y 1998 se proclamó campeón con Nissan.

En los últimos años ha sufrido para encontrar apoyos para competir en el Campeonato Europeo de Rally Histórico, así que se ha decidido a comenzar un proyecto propio, que empezó ya el año pasado: restaurar su Nissan R390 GT1, el coche con el que se proclamó campeón en 1998, para correr con él en Le Mans en 2022. Para ello ha creado una cuenta de Instagram en la que actualiza sobre sus progresos.

Para los que no recuerden a Comas, el fue el piloto al que salvó Ayrton Senna después de que el francés sufriera un accidente en Spa-Francorchamps en el año 1992. El brasileño saltó de su coche para correr hacia el de Érik para apagar el motor y evitar así un incendio que pudo haber sido mortal para él.

Curiosamente dos años más tarde fue Comas el que no pudo salvar la vida de Senna, que murió en Tamburello el 1 de mayo de 1994. Erik marchaba en la parte de atrás de la parrilla cuando pasó por Tamburello y vio el coche de Senna destrozado. Dirección de Carrera sacó la bandera roja y todos los monoplazas volvieron a boxes. Al volver al garaje Erik se dio cuenta de la gravedad del accidente y algo le dijo que tenía que volver a pista, igual que Ayrton había hecho para salvarle a él.

El rugido del motor de su Ford rompió el silencio tenso que se vivía en esos momentos. El francés llegó a Tamburello y se encontró con un despligue espantoso: un helicóptero en medio de la pista, ambulancias y comisarios que le pedían que no se bajara del coche y regresara al garaje. Comprendió entonces, impotente, que no podía hacer nada para devolver a Ayrton el gran favor que le había hecho.

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