«Carlos Sainz y su vida al borde del abismo»

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Silencio, se apagan los motores, suena el clic del volante, se levanta orgulloso del Ferrari, camina hacia su tropa. Con esos andares de ‘Matador’ que le han dado los genes, y aún con el casco puesto, Carlos Sainz no se da cuenta de la ovación que está recibiendo de los mecánicos de Red Bull y Mercedes. Los aplausos ajenos son la mayor muestra de respeto en las carreras.

La trayectoria deportiva del piloto del coche 55 es como la del gran premio de ayer en Sochi, del abismo al podio. Cada vez que las cosas se le tuercen aprieta los dientes y sale hacia delante. «Si no ganas las World Series, despídete del programa de Red Bull», le dijo un día el doctor Marko. Y las ganó. «Ahora tienes que traer un patrocinador», le pidieron. Cepsa siguió en Toro Rosso y sus rivales por el puesto no encontraron el dinero. Subió al equipo de Faenza.

Verstappen le hizo más fuerte

Allí debutaba Max Verstappen, fichado como nueva bandera de la bebida energética. El holandés, arrebatado en el último segundo a Mercedes, tenía que brillar para saltar en 2016 a Red Bull. Si, por ejemplo, un chasis pesaba cuatro kilos menos, se lo ponían a él. Carlos debutó oculto detrás de la nube de elogios en el box de al lado. Eso debería haberle dañado, pero le hizo más fuerte. Ganó a Max 10 a 9 en calificación. Sin las averías habría terminado el Mundial pegado a él.

Tuvo el valor de dejar la casa en la que había crecido como piloto para marcharse a Renault. La posibilidad de fichar a Ricciardo obnubiló a Abiteboul, que prescindió de sus servicios antes de lo verbalmente prometido. Carlos se encontró de nuevo en una encrucijada. En junio de 2018 tenía un pie fuera de la Fórmula 1. Recuerdo que su amigo Alonso me lo contaba aquel verano camino de su adiós: «España puede quedarse sin ningún piloto en la parrilla». Había que maniobrar rápido y Carlos se adelantó a Ocon y firmó por McLaren. Esteban tuvo que dejar una temporada la F1.

Batió a Norris

McLaren creía públicamente en su fichaje, pero en realidad le dieron el mismo tratamiento que a su compañero debutante, Lando Norris. Recuerdo asombrado que al madrileño le hicieron probar durante dos semanas con poco combustible para que cogiera confianza a una vuelta. Llegaba a un equipo naranja junto a un chaval inglés que era una apuesta personal de Zak Brown. Pudo ser su tumba deportiva. Pero le hizo más fuerte.

Hubo mucho trabajo detrás de su evolución hacia un piloto igual de rápido, pero más completo. Sobre todo, en la disciplina prusiana en la preparación física, en el trabajo diario con los ingenieros, en encontrar atractivo vivir en un apartamento cerca de McLaren… Una historia de amor que culminó en el podio saliendo desde el fondo de la parrilla en Brasil 2019. Y que, sin él saberlo, abrió otra, la de su llegada a Ferrari. Ese día, en Interlagos, Vettel y Leclerc tuvieron su enésimo choque y el analítico ingeniero Binotto decidió que esa pareja no podía seguir en la escudería. Había que cambiar para 2021.

Necesitaban un complemento al fulgurante Charles, un hombre de equipo joven, rápido, que le apretara y sumara muchos puntos. Que no fuera conflictivo y no se chocara con sus compañeros. Un teórico escudero… que en realidad no lo es…

Por delante de Leclerc

Me cuentan desde Ferrari que el monegasco se ve muy apretado por la constancia de su compañero de equipo. Vive menos tranquilo que con el Vettel de su adiós. Cogiendo máxima velocidad en esa montaña rusa de su debut en Ferrari, Sainz ya lleva tres podios y vuelve a superar al Ferrari 16 en el Mundial por 8,5 puntos. Ayer le pegó una lijada a Norris de órdago, lideró 14 vueltas hasta que se quedó sin ruedas, regresó al podio pese a sufrir con las duras, perdió varios puestos en mojado con los neumáticos de seco casi en las lonas… De nuevo ese barranco que se acercaba… Pero en colaboración con un muro de Ferrari que estuvo acertado, pusieron a tiempo las intermedias, arreció una lluvia que pudo haberse detenido y protagonizó la foto de una carrera inolvidable junto a Hamilton y Verstappen. Incluso en su mejor fin de semana con Ferrari tuvo su rato de sufrimiento.

Un domingo en el que un magistral Alonso, que podría haber subido el podio de no arreciar en el tramo final la lluvia, y su sucesor en Maranello, volvieron a emocionarnos. Horas después, Álex Palou hacía historia en América, y se lo dedicaba al malogrado Adrián Campos. Podemos estar orgullosos de nuestros pilotos.

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