Renault y Volkswagen intentaron unirse para hacer autos 

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La historia industrial de Colombia guarda episodios tan curiosos como olvidados. Uno de ellos tuvo lugar en 1972, cuando el Volkswagen Safari (Tipo 181), conocido por muchos gracias a la serie «El Chavo del Ocho», estuvo a punto de producirse localmente. El proyecto, que contemplaba su ensamblaje en la planta de Duitama (Boyacá) donde Renault-Sofasa fabricaba motores, fue real y alcanzó etapas avanzadas antes de quedar en el archivo.

Nacido en Alemania en 1968, y producido en México desde 1970, el Safari fue uno de los íconos más carismáticos de Volkswagen. Su diseño cuadrado, motor trasero bóxer y techo desmontable le daban un aire de libertad y sencillez que lo convirtió en símbolo de la época. En Colombia, su historia se entrelaza con la creación de Sofasa y con una competencia industrial entre las dos marcas europeas más influyentes del momento: Renault y Volkswagen.

Cuando salió la licitación para una tercera ensambladora en el país, que finalmente fue Sofasa, Volkswagen participó anunciándose como «el carro del futuro en Colombia». Su idea original de fabricar el Escarabajo localmente se intentó desde 1952 sin éxito, pero en 1972 se planteó un nuevo escenario: ensamblar el Safari en sociedad con Renault y el gobierno colombiano. La propuesta, que tuvo eco en la prensa nacional, parecía viable… hasta que el destino cambió el rumbo.

Volkswagen Safari Colombia

La idea tomó forma en el seno de Socofam, la planta fundada en Duitama para proveer motores a los Renault 4 y 6 ensamblados entonces por Sofasa. La ubicación no era casual: cerca de Paz del Río y la termoeléctrica de Paipa, el complejo boyacense prometía ser el corazón industrial del altiplano. En medio de esa expansión, la importadora «Volkswagen de Colombia» planteó su propio plan: usar parte de esas instalaciones para ensamblar su modelo multipropósito.

La propuesta coincidía con el auge de los vehículos rurales en el país. En las fincas y municipios, el Jeep Willys seguía siendo rey, y Renault carecía de un verdadero competidor en ese segmento, a pesar de los Rodeo 4 y Rodeo 6 europeos, más orientados al uso recreativo. El Safari, con su aire militar y estructura en extremo simple y funcional, se veía como una alternativa interesante para el campo colombiano, a pesar de no contar con tracción 4×4 ni caja reductora.

En abril de 1972, el Safari debutó públicamente en la Vuelta a Colombia en Bicicleta, recorriendo las etapas como vehículo oficial, en una estrategia de marketing muy similar a la que Renault había usado con el R4 un año antes. La prensa destacó su aparición, y El Tiempo publicó una nota titulada «El campero Volkswagen en la Vuelta a Colombia» el 28 de abril de 1972, mencionando su inminente ensamblaje nacional. Era un anuncio que, por unos meses, pareció una realidad.

A finales de ese mismo año, un nuevo informe en El Tiempo confirmó, el 8 de diciembre de 1972, las conversaciones entre Volkswagen de Colombia, Renault y el Gobierno Nacional para definir la viabilidad del proyecto. El Safari nacional habría contado con cuatro puertas desmontables e intercambiables, techo de lona convertible, sillas traseras removibles y materiales impermeables. A la par, el Gobierno Nacional intervenía al ser socia de la Renault de Francia en Sofasa.

La decisión final, sin embargo, tomó otro rumbo. La recién fundada Socofam terminó dedicándose exclusivamente a fabricar motores para Renault, descartando el proyecto alemán. El 16 de junio de 1974, durante la inauguración oficial de la planta por parte del presidente Misael Pastrana Borrero, el nombre Volkswagen ya no aparecía en ningún comunicado. El sueño del Safari colombiano había quedado archivado.

Si hubiera existido un acuerdo al respecto, los kits de ensamblaje habrían llegado desde la planta de Puebla (México), y los motores bóxer de 1.400 centímetros cúbicos se habrían producido localmente junto con los propulsores de Renault. El proyecto habría dado al país su primer campero nacional después del Jeep de Leonidas Lara e Hijos, pero el destino industrial favoreció al R4, que terminó siendo «el carro del pueblo» en Colombia.

Volkswagen Safari Colombia
Volkswagen Safari Colombia

Un ícono pop que pudo ser colombiano

El fracaso del proyecto dejó un amplio vacío en la historia de los camperos nacionales. Después de 1976, cuando la Compañía Colombiana Automotriz cesó la producción del Jeep CJ7, no existieron más vehículos de ese tipo ensamblado localmente hasta la llegada del Chevrolet Trooper en 1988, en ese caso armado por Colmotores. Claro, obviando a las controvertidas Luv 2000 armadas en 1982.

Con el tiempo, el Volkswagen Safari se convirtió en un vehículo de culto. Su rareza en el país lo hizo apreciado por coleccionistas y nostálgicos, reforzado por su aparición en televisión y películas, especialmente por el personaje del Señor Barriga en el capítulo de «El Chavo del Ocho» en Acapulco, y series de Chespirito como «La Chicharra». Su estética simple, desmontable y lavable, adelantada a su tiempo, lo mantiene como uno de los carros más recordados de su época.

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